15 Domingo después de Pentecostés

 

Escrita por Norberto Rasch

Himno

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Nuestra ayuda es en el nombre del Señor quien hizo los cielos y la tierra.

El amor del Señor no tiene fin ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡qué grande es su fidelidad! y entonces me digo: El Señor es todo para mi, por eso en el confío. (Lamentaciones 3,22-24)

Oficiante: ¡Vengan y adoremos al Señor…!
Respuesta:
Opción 1 (liturgia antigua): Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era al principio es ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Opción 2: (ver en): Canto y Fe de América Latina Nro. 441-444

CONFESIÓN

Señor no son nuestros méritos por los que nos abres tu corazón sino tu misericordiosa fidelidad. Tu amor es más grande e intenso que nuestras faltas. Por lo general nos lamentamos entre nosotros de lo que otros nos han hecho, dicho o quitado. Hoy aquí queremos reconocer los momentos en que nosotros hemos ofendido con palabras o lastimado con hechos, donde hemos obrado escasos de amor o mezquinos de buena voluntad y paciencia. Queremos pensar unos instantes sobre todo ello en silencio…

Señor nos asusta todo lo que en este estado viene a nuestra memoria. Te rogamos que pongas a nuestro alcance la posibilidad de enmendar lo que hemos causado a nuestros semejantes. A tí te pedimos perdón por aquellos hechos por los que ya no tenemos posibilidad de pedir perdón al que le hemos ocasionado el daño. Te rogamos que por todo ello no levantes ni por un instante tu pacto de amor y salvación con nosotros.

O: ¡Señor, ten piedad…!
R:
Opción 1 (lit. antigua): Dios ten piedad de nosotros. Cristo ten piedad de nosotros. Dios ten piedad de nosotros
Opción 2 (ver en): Canto y Fe de América Latina Nro. 441-444

ANUNCIO DEL PERDÓN

Si alguno comete pecado, tenemos un abogado ante el Padre que es Jesucristo, y él es justo. Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados, y no solo los nuestros sino los de todo el mundo. (1° Juan 2,1b-2)

O: Gloria a Dios en las alturas…
R:
Opción 1 (lit. antigua): Y paz en la tierra para los hombres de buena voluntad. Amén. Amén. Amén.
Opción 2 (ver en): Canto y Fe de América Latina Nro. 441-444

SALUDO

O: El Señor sea con ustedes.
R: Y con tu espíritu

ORACIÓN

Padre celestial,
Haz que este tiempo en que estemos dialogando contigo se trasforme en una hora especial de la semana. Te pedimos esto para tener conciencia del momento y de que este no se trasforme en una mera costumbre como otras tantas que sabemos tener y cultivar.

Permítenos descubrir nuevamente que tú eres el Señor que nos invita a aceptar responsabilidades en su viñedo, pero también aquel que nos asiste y acompaña permanentemente.
Déjate descubrir nuevamente por nosotros.

Amén

LECTURAS BÍBLICAS
Salmo 15
Deuteronomio 4, 1  – 8
Santiago 1, 16 – 27
Marcos 7, 1 – 23

R:
Opción 1 (lit. antigua): Aleluya. Aleluya. Aleluya.!
Opción 2 (ver en): Canto y Fe de América Latina Nro. 441-444

CREDO

CREDO APOSTÓLICO:
Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia cristiana, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
Himno

SERMÓN

Himno

ORACIÓN DE INTERCESIÓN

Padre y Señor nuestro, tu evangelio es la noticia más importante que un ser humano pueda escuchar. Es el mensaje del perdón, es el mensaje de la vida, de la vida eterna. Es la promesa de tu ayuda y de tu proximidad. Es el mensaje de la certeza de tu amor y de tu bondad, que se renueva día tras día como la salida del sol. Todo esto es tan incomprensible para nosotros, nos resulta milagroso. Es en realidad un regalo inmerecido.

Padre, nos alegra saber que esto es verdad también para nosotros y que nadie, cualquiera sea su condición, está excluido de tu promesa de amor.
Para todos aquellos que todavía dudan de este ofrecimiento tuyo pedimos le des la alegría de poder creerlo, que le des entendimiento para comprenderlo, y le des la paz para disfrutarlo, paz que solo en la fe se encuentra.

Siempre nuestro agradecimiento se mezcla con lamentos, con pedidos, especialmente cuando nos invade el cansancio y la debilidad en el obrar y el pensar. Lamentamos y pedimos cuando la oscuridad avanza sobre nuestras vidas y la de nuestros queridos, cuando la muerte de tantas maneras asecha y espera pacientemente nuestro paso y el de los jóvenes en su desesperanza de una vida con trabajo digno, de los ancianos sin consuelo en su situación, el de los solitarios a quien ya nadie se dirige, el de los matrimonios en desavenencia. Muerte que asecha en la desesperación de aquellos que desean ayudar y no saben cómo o definitivamente no pueden hacerlo. Muerte que asecha doblemente al moribundo cuando está solo. Muerte que asecha con aires de triunfo sobre aquellos que olvidaron invocar tu nombre.

¡Cuántos de nosotros tienen problemas! Muchos ya no ven caminos posibles ya que su amargura, desesperanza y sufrimiento nubla la vista. Permite que a pesar de todo encuentren consuelo en ti. Permíteles que sientan que tú escuchas cuando acudan a ti.

Padre, tú que has quitado a la muerte su poder definitivo sobre todo ser humano que confiesa tu nombre, regálales a ellos como a nosotros una nueva vida, no solo después de la muerte sino ahora y aquí.
Permítenos ahora y en todo lugar alabarte y cantarte himnos de adoración y gratitud, por tantos dones recibidos. Es desde nuestra debilidad y cansancio por el peso de la carga que esperamos en ti y te adoramos. Alívianos y danos fuerza.
Adorado seas por siempre. Amén

PADRENUESTRO
Padrenuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén
BENDICIÓN

Amén, amén, amén
Himno