Domingo 11 de agosto

 

9º domingo después de Pentecostés, 16º en el año

Jesús le respondió: “Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará”.

Lucas 10,41-42

En todos los tiempos el ser humano tiene la tendencia a no prestar atención a las cosas importantes de la vida, y los únicos perjudicados por esto somos nosotros mismos. Cuántas veces escuchamos decir: “Lástima que no les dediqué más tiempo a mis hijos, no jugué más con ellos cuando eran chicos, no me senté a escucharlos cuando eran adolescentes…, ahora yo tengo tiempo, y ellos no”. O decimos: “Qué pena que ya no tengo a mi mamá para preguntarle cómo se hacía tal o cual cosa”.

Las conductas y costumbres socialmente impuestas nos enseñan lo que debemos hacer (cómo y cuándo).

Así fue también en la época de Marta. Ella hacía lo que había que hacer, lo que le enseñaron, pero no era lo más importante, y se estaba perdiendo la oportunidad de estar con Jesús.

Y nosotros…, ¿qué nos estamos perdiendo?

Muchas veces las preocupaciones diarias nos aturden y no nos permiten pensar con claridad. No nos tomamos el tiempo suficiente para discernir entre lo que es verdaderamente importante y lo que es secundario. La mayor parte del tiempo actuamos por hábito.

Es hora de priorizar lo realmente valioso, preguntarnos ¿qué es lo que deseamos y qué nos tiene que ocupar?

María ha escogido la mejor parte… ¿Y nosotros? ¿Qué parte escogemos?

Deseo de todo corazón que cuando no nos encontremos haciendo lo más significativo, resuene en nuestros oídos y en nuestra mente ese “Marta, Marta” que expresó Jesús, como un llamado de atención que nos permita repensarnos y cambiar de actitud.

Señor: Danos claridad de conciencia para distinguir lo más importante para nuestras vidas y la vida de quienes nos rodean. Amén.

Silvia Noemí Bierig

Salmo 15,1-5; Génesis 18,1-10; Colosenses 1,24-28; Lucas 10,38-42; Agenda Evangélica:

Efesios 5,8b-14