Domingo 12 de julio

Los que tengan oídos, oigan.

Mateo 13,9

Soy pastor en la Congregación Evangélica de Esperanza, Santa fe. El templo de dicha comunidad es uno de los más antiguos de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (fundado en 1887). En la parte de atrás del altar, de frente a la comunidad, hay vitrales. El central tiene que ver con el nacimiento, crucifixión y resurrección de Jesús. A la derecha está representada la parábola del buen pastor y del lado izquierdo la del buen sembrador. Fue una decisión del pastor y de los fieles de aquel entonces elegir esas parábolas entre muchas y ubicarlas en ese sentido. Son representativas de la doctrina cristiana.

No podemos sembrar cualquier semilla. La semilla del testimonio al que se nos invita tiene que ver con Jesús, el carpintero, el judío, el que nació en la humildad y soledad de la noche en Belén. El nazareno que se comprometió no solo con su testimonio, sino con su vida por los valores y derechos humanos. El primogénito de la resurrección quien trajo esperanza y nueva vida a un mundo en agonía mortal. Él es centro y fundamento de la fe. Él es el que envía y nosotros sus enviados a la siembra. Su gracia nos nutre y cuida como el buen pastor que es.

El terreno donde testimonia la iglesia no es homogéneo… es diverso, áspero y difícil, como somos los seres humanos, como somos los creyentes, como es la sociedad donde estamos inmersos. Menos mal que el éxito o fracaso de una buena cosecha no depende de un/a pastor/a iluminado/a. O de una comunidad espiritualmente más pura que otra. El trabajo es colectivo, el llamado individual, la cosecha es fruto del Espíritu Santo. Para honra y gloria del Señor.

Jorge Buschiazzo