Domingo 14 de abril

 

6º domingo de Cuaresma, domingo de Ramos

Lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el burrito, subieron a Jesús encima. Y a su paso tendían sus mantos por el camino.

Lucas 19,35-36

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Es altamente significativa la entrada de Jesús a Jerusalén, está cargada de significados que en esos tiempos eran bien conocidos. Cualquier rey entraba en su nuevo espacio conquistado montado en un corcel, rodeado de soldados, mostrando las armas poderosas que se había ganado la batalla. El pueblo los recibía con euforia, qué otra les quedaba, habían salvado el pellejo y ahora era cuestión de acomodarse. Situación conocida en cualquier conquista, en cualquier tiempo. Pero Jesús tenía otra propuesta. Construir un nuevo paradigma de relaciones. El parámetro al que se aspiraba eran los atributos del reino de los cielos, paz, amor, justicia, igualdad, verdad, etc. Pero no eran sólo pensados para los cielos, no, ese maestro había enseñado a rezar hágase tu voluntad en la tierra como en los cielos, es decir, poner en práctica esos atributos ya aquí, entre nosotros.

Fácil: invasión, colonización cultural, presión económica, etc., así se hace, así siempre se hizo…

Pero Jesús tiene otra propuesta. Lo demuestra entrando a la ciudad santa montado en un burro. A diferencia del poderoso conquistador en corcel lo hace montado en un burro, un animal de por sí pacífico. Nadie montado de esa manera podría pretender imponer nada por la fuerza. Su ingreso fue pacífico y prometedor. El pueblo entusiasmado, le rinde honores echando mantas y ramas como alfombrando el camino con lo poco que tenían, pues en su gran mayoría “estaban por debajo de la línea de pobreza”.

¿Qué pasó después? ¿En qué momento se dio vuelta esa voluntad popular? ¿Cómo y cuándo perdieron las esperanzas? ¿En tan pocos días?

Es asombroso como en todos los tiempos hubo la posibilidad de manejar las voluntades de pueblos y naciones enteras incluso contra quien les ofrecía la genuina liberación.

Norberto Rasch

 

Salmo 22,7-8.16-19.22-23; Isaías 50,4-10; Filipenses 2,5-11; Lucas 19,28-40; Agenda Evangélica: Filipenses 2,5-11