Domingo 21 de junio

El que trate de salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.

Mateo 10,39

Domingo, lindo día, más como hoy que es Día del Padre. El versículo que encabeza nuestra lectura diaria de hoy nos lleva a pensar en el propósito de nuestra vida, o por lo menos nos hace la pregunta: ¿Para quién vivimos?

En una sociedad actual donde las más variadas disciplinas predican el auto amor, el egoísmo, el mirarse constantemente al propio ombligo, allí en medio de esta realidad el cristianismo sigue predicando el amor al prójimo, el amor por los demás, el amor como mandato de Dios.

La propuesta de Jesús siempre fue y será la de brindarse entero por lo que vale la pena, jugarse por las cosas de Dios, jugarse por la vida, por la justicia, por la paz. Porque, en otras palabras, cuando sólo pensamos en nuestra propia salvación, en nuestro propio bienestar, nos estamos perdiendo, estamos errando el camino, en algún momento nos daremos cuenta de que fuimos egoístas y que desechamos la maravillosa aventura de vivir la vida en pos de algo mayor que nosotros mismos, que es el amor al prójimo.

Hoy siendo Día del Padre, es una linda oportunidad para pensar en ese rol, en esa linda tarea, tanto de padre como de hijo. Quien, sino, puede sentir el amor de un padre sino es el hijo o la hija. Ser padre lleva a no ser egoísta pues en diferentes momentos se tiene la posibilidad de mostrar que no se piensa apenas en su propia vida sino en la de aquellos que Dios trajo al mundo a través del ser padre. Si eres padre de familia, que disfrutes tu día y nunca dudes en jugarte a favor de tus hijos.

Si no eres padre, seguramente tienes muchas otras oportunidades de mostrar que no eres egoísta, que comprendes que la salvación viene de la mano con el donarse, el entregarse por el otro. Porque quién, sino, es el otro que una manera de ver a Dios y ofrendándote al prójimo te ofrendas a Dios.

Armando Weiss