Domingo 23 de abril

 

 

2º domingo de Pascua, Quasimodogeniti

Alabamos al Padre y Dios de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo, por la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva.

1 Pedro 1,3

¿Te pasó alguna vez que pensaste o sentiste que para poder hacer o lograr algo, la única forma sería: nacer de nuevo? Generalmente lo ligamos a lo imposible; desde nuestra realidad ¡no lo podemos imaginar! O cuántas veces escuché decir: “yo nací en el lugar y el tiempo equivocados”, o de forma quizás ya más relajada o como un anhelo: “debería haber nacido en…”

¡Cuánta expectativa nos provoca esperar los nacimientos! ¡Cuántos deseos, sentimientos, proyecciones para el o la que viene en camino! ¡Y la Palabra hoy nos invita a descubrir la misericordia de Dios que nos hace nacer de nuevo!

Te pusiste a pensar alguna vez en esto: que esta vida de la que muchas veces renegamos, nos enojamos, nos frustramos, tiene un soporte, un fundamento desde el amor, desde la misericordia de ese Jesús que nos hace nacer de nuevo, y esto es nacer desde la fe, de otra manera, con otra mirada, con otra perspectiva. Es decir, los problemas y desafíos serán los mismos, pero contando con esta certeza, sin duda que te encuentran de otra forma.

Tomémonos el tiempo, entonces, en este domingo para poder meditar sobre esta propuesta de volver a nacer. Que nuestros deseos más profundos, sueños y necesidades se descubran contemplados por la obra de Jesús. Y como nos dice el versículo de hoy, ¡esto nos traiga una esperanza viva!

Soy tuyo, soy tuya, Jesucristo, comprado con tu sangre, contigo haz que ande, en plena comunión. Amén.

Marisa Hunzicker

Salmo 16; Hechos 2,14a, 22-32; 1 Pedro 1,3-9; Juan 20,19-31; Agenda Evangélica: Juan 21,1–14