Domingo 26 de agosto

 

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14º domingo después de Pentecostés, 21º en el año

El Señor puso en Caín una señal, para que cualquiera que lo encontrara no lo matara.

Génesis 4,15

El relato completo de Génesis 4 es una impactante síntesis de la historia humana colocada en un tiempo primordial, más allá y antes de nuestro tiempo ordinario. Es como una parábola que grafica seriamente la lucha fratricida incesante entre pueblos, razas, culturas… Es como si la Biblia se esforzara en hacernos entender que cada intento homicida contra el “hermano” proviene de una raíz común.

Literariamente, en la composición del libro de Génesis, el asesinato sigue, necesariamente, a la decisión de la pareja humana de quebrantar el único límite impuesto por el creador: No comas del árbol que está en el medio del jardín porque ciertamente morirás. La decisión de comer del árbol abriga el anhelo de ser como dioses, soberanos absolutos de la creación, sin necesidad de rendir cuentas. Por primera vez ante el pecado aparece el miedo y el deseo de esconder(se).

Cuando Dios llama al Adam: ¿Dónde estás?, éste reconoce que tiene miedo, porque estaba desnudo. Ya no puede mostrarse como es frente a Dios, aceptando su error, se evade y comienzan las acusaciones cruzadas. Se hace evidente la separación con Dios, con la creación (la serpiente) y con la pareja humana. Nace el chivo expiatorio:¡el culpable es, siempre, otro! Del mismo modo Caín se levanta contra su hermano Abel, su presencia en el medio de su relación con Dios le resulta insoportable. Como enterraba las semillas, entierra a su hermano buscando ocultar su pecado. En definitiva la raíz del asesinato es la codicia, el deseo de ser número uno. El otro se transforma en un obstáculo a mis ilimitadas pretensiones de poder, y por eso lo mato, vierto su sangre…

Con variaciones esta situación arquetípica se repite hasta hoy. ¿Cómo terminar con la lucha fratricida? Desde nuestro deseo de predominio no hay esperanza. Dios muestra un camino diferente marcando a Caín para preservar su vida, para detener el interminable dominó de muerte, injusticia, dolor e infierno. No tengas miedo, hay señal secreta…

Juan Carlos Wagner

Salmo 34,1-2.15-22; Josué 24,1-4.13-18; Efesios 5,21-33; Juan 6,57-70; Agenda Evangélica: Génesis 4,1-16a

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