Domingo 30 de agosto

 

13º domingo después de Pentecostés, 22º en el año

Luego Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame”.

Mateo 16,24

Nos encontramos en uno de los párrafos donde Jesucristo nos invita a ir más allá de los problemas, donde existen quejas por mil y discusiones que solo quedan en palabras. Nos propone mirar más arriba.

Dentro de ese ejercicio nos invita a perdernos, a declarar nuestra rendición y llegar a decir: “Dios… no puedo”, “ayúdame”, y, por ende, dejar de sentir que lo podemos todo, y así volver a buscar las fuerzas en ese amor de Dios en la cruz del calvario. En esa cruz encontramos salvación, en esa muerte encontramos vida. Qué distinto es ver la televisión, internet y las redes sociales donde nos dicen, “en ti está la capacidad de triunfar”. Y compramos un producto que nos gusta porque nos hace pensar que somos más que el otro. Es por eso que Jesucristo nos pregunta: ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? Eso me hace pensar que:

  1. Hay que pararse a reflexionar
  2. Saber qué es lo que queremos tener
  3. Saber qué es lo que debemos dejar
  4. Saber cuál es el costo

Eso, lo haremos solo siendo guiados por el Espíritu de Dios, porque ni siquiera somos capaces de darnos cuenta de donde estamos, ni qué hacer, es por eso que nuevamente debemos decir: “Dios ayúdame”, y encontrar que Dios está con nosotros para animarnos y levantarnos.

El himno dice: Salvador, a ti me rindo, y obedezco sólo a ti; mi guiador, mi fortaleza, todo encuentra mi alma en ti.

Alexis Salgado

Salmo 26,1-8; Jeremías 15,15-21; Romanos 12,9-21; Mateo 16,21-28
Agenda Evangélica: Salmo 147,1-6.11; Isaías 29,17-24; Marcos 7,31-37; Hechos 9,1-20;
(P) 1 Corintios 3,9-17