Domingo 30 de diciembre

 

1º domingo después de Navidad

Dios los ama a ustedes, y los ha escogido para que pertenezcan al pueblo santo. Revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, sobre todo revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión.

Colosenses 3,12-14

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Se supone que el apóstol Pablo, al dirigirse a la comunidad de Colosas, desea afirmar el amor de Dios hacia el grupo y también hacerlo sentir parte de su pueblo, lo que los debe haber alegrado mucho. Pero, siguiendo la lectura del texto, les envía una serie de recomendaciones fundamentales para que vivan como debe vivir un pueblo santo.

El tomar conciencia del amor de Dios hacia nosotros significa comprometerse, revestirse, soportarse y reflejar ese amor divino en los actos cotidianos, personales y grupales, de nuestras vidas.

Es común que nuestras comunidades de fe se sientan orgullosas de “pertenecer al pueblo santo”, adoren y enaltezcan en sus expresiones litúrgicas esa pertenencia. Pero, lamentablemente, también es muy común que esas mismas comunidades se olviden de los sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia.

En mi larga experiencia pastoral he convivido con iglesias “muy santas” en sus adoraciones y muy solidarias hacia fuera, pero muy conflictivas e insensibles hacia sus hermanos y hermanas más cercanos. Se olvidan del consejo de Pablo cuando dice: Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. (Colosenses 3,13)

Mañana es el último día de este año, vale la pena reflexionar y evaluar hasta qué punto hemos entendido el compromiso de reflejar en todo el amor de Dios y el ser parte de su pueblo.

Se sugiere cantar la canción: ¡Así como tú, Señor! (Canto y Fe Nº 312)

Inés Simeone

Salmo 128,1-5; Isaías 66,10-13; Colosenses 3,12-21; Lucas 2,41-52; Agenda Evangélica: Juan 12,44-50