Domingo 8 de agosto

11° domingo después de Pentecostés, 19° en el año

Yo soy el pan de la vida.

Juan 6,48

El discurso del pan de vida nos habla de quién es Jesús, a través de la imagen del pan. Así como el pan es nuestro alimento básico, también Jesús es el que hace posible nuestra vida espiritual. El pan es también un don de Dios, aunque lo tenemos que ganar con esfuerzo, y así lo recordamos cuando bendecimos la mesa; asimismo, Jesús es el regalo enviado por el Padre para darnos vida en abundancia.

La primera dificultad que ponen los que le escuchan es su origen. Ellos piensan que lo conocen porque lo tienen por el hijo de José y de María. No pueden entender que en Jesús hay un misterio más profundo, que él ha venido de parte de Dios como hombre.

¿No es la misma dificultad que tenemos nosotros? Siempre estamos objetando y desconfiando.

Si no tenemos la confianza plena en que Jesús es nuestro Salvador nuestra vida es espiritualmente pobre.

Para nosotros, el evangelio nos sigue sugiriendo que no solo hemos de ver a Jesús como un maestro de ideas interesantes, sino que él mismo se nos regala como alimento cotidiano, como pan de cada día, dado por Dios Padre. Demos gracias a Dios, pues, porque Dios nos atrae hacia Jesús, y nosotros nos dejamos atraer. Démosle gracias, finalmente, por la vida plena que él nos hace vivir.

Pan de vida, cuerpo del Señor, vino eterno, sangre que el vertió, en la mesa ninguno es mayor, poder es servir, porque Dios es amor. (Canto y Fe Nº 137)

Ingrid Mai

Salmo 34,1-8; 1 Reyes 19,4-8; Efesios 4,25-5,2; Juan 6,41-51

Agenda Evangélica: Salmo 122; Éxodo 19,1-6 (P); Romanos 11,25-32; Marcos 12,28-34

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *