Domingo 9 de junio

 

Pentecostés

¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Lucas 24,32

DESCARGAR EL AUDIO

La experiencia de estos dos discípulos, que después de la muerte de su amigo Jesús, de alejarse del lugar de pérdida es un posible con-suelo frente a la profunda tristeza. Alejarse de un lugar donde se ha perdido a un ser querido quizá sea una forma de vivir el luto.

Sin embargo, allí va caminando y escuchando cada palabra de dolor, sintiendo con ellos la ausencia, caminando el polvoriento camino a veces en silencio y a veces con palabras que ya antes les había compartido. Ese es Jesucristo resucitado, Dios que devuelve el sentido, aunque nos cueste comprenderlo en un primer momento. Los caminos polvorientos, solitarios y de atardeceres son los que Dios decide caminar y acompañarnos.

Dios nos encuentra aquí en los caminos de nuestra vida. En medio de dificultades permite que el pecho nos arda de diferentes maneras para saber de su presencia. Es en el recuperar de la esperanza que podemos dar vuelta a ciertas páginas dificultosas que a solas sería muy difícil. Y esto también es el sentido de Pentecostés: que la presencia de Dios sigue siendo real y ahora mediante la divina sabiduría; el Espíritu Santo que se mueve en medio nuestro en cada momento y permanecerá fortaleciéndonos y promoviendo ese sentido de pertenencia, de calorcito animador.

Oración: Sabiduría divina, gracias por tu preciosa presencia aquí en medio de tu creación y especialmente de quienes más te necesitan. Permítenos tomarte la mano que nos extiendes y vivir esa bendición de tu presencia.

Patricia Cuyatti

Salmo 104,1.24.29-31.33-34; Hechos 2,1-11; 1 Corintios 12,1-13; Lucas 24,13-35; Agenda Evangélica: Hechos 2,1-18