Jueves 12 de noviembre

 

Para que Jehová, tu Dios, nos indique el camino por donde debemos ir y lo que debemos hacer.

Jeremías 42,3

Después de la masacre que habían vivido en Mizpá (Jeremías 41), los ciudadanos y líderes sobrevivientes del pueblo de Judá entraron en pánico y recurrieron al profeta Jeremías. Ellos solicitaron un mensaje (oráculo) de Dios que los oriente en esa situación (v. 3), el cual afirmaron estar dispuestos a cumplir (vs. 5-6). Había temor a serias represalias por parte de los ocupantes de esas tierras, y Egipto era el único lugar en el que podían encontrar asilo político seguro. A los diez días Jeremías recibió el mensaje de Dios. El pueblo debía permanecer en esas tierras, sin temer al rey de Babilonia y Dios los iba a sostener y acompañar.

¿Qué habrán hecho? ¿Seguir el camino que Dios les indicó? Esta era la opción más peligrosa a causa de la experiencia reciente, la invasión sufrida. ¿O ir a Egipto, donde tenían asilo político asegurado? La voluntad de Dios era la opción más difícil, la que más miedo les infundía.

También hoy Dios nos indica el camino que espera que sigamos. Lo hace a través del encuentro con hermanas y hermanos, así también en el encuentro con aquella persona que juzgamos/rechazamos porque es tan diferente y nos da miedo e inseguridad. También hoy Dios se nos muestra y nos indica el camino a seguir en y a través de los ojos que nos miran desesperados, desesperanzados, vacíos y secos por el dolor que pro-duce el ser descartado en esta sociedad. Jesús nos recuerda, “porque tuve hambre y (no) me dieron de comer”, “porque estuve en la cárcel y (no) me visitaron”, “porque…” (Mateo 25,35ss). También hoy muchas veces la voluntad de Dios puede ser la opción más difícil, la que más miedo e in-seguridad nos da. ¿Qué haremos con el camino que Dios hoy nos indica?

Cuando el pobre nada tiene y aún reparte, cuando alguien pasa sed y agua nos da, cuando el débil al más débil fortalece, va Dios mismo en nuestro mismo caminar. (Canto y Fe N° 317)

Pedro Kalmbach

Jeremías 42,1-22