Jueves 16 de diciembre

 

 

El año vigésimo quinto de nuestro exilio, al comienzo del año, el décimo día del mes, es decir, catorce años después de la destrucción de la ciudad, ese mismo día, la mano del Señor descendió sobre mí, y él me llevó allá.

Ezequiel 40,1-2

Ezequiel, sacerdote, fue llevado esclavo a Babilonia junto con una parte del pueblo de Judá. A diferencia de los habitantes de Israel, los de Judá se presentan a sí mismos como puros, fieles a la alianza y con un poder especial porque tienen el templo. Exiliados – no por decisión propia – en un imperio extranjero, debían trabajar, pagar impuestos y someterse al control político y militar; pero podían profesar su fe, justamente en medio de la idolatría que había en Babilonia.    

Lejos de su patria, Ezequiel proclama sus preocupaciones como sacerdote sobre la idolatría, el abandono del templo, y denuncia que el Señor los había abandonado porque allí se había instalado la corrupción. Varios profetas hablaban de lo que les iba a ocurrir, en cambio Ezequiel está con ellos, en la esclavitud, y aun así no pierde la esperanza de algo nuevo. Esta es una palabra de aliento para todas y todos que, aun desde las grietas, hay algo nuevo por florecer, crear y recrear.

Nos da esperanza para las personas que viven en la provincia de Misiones, ya que cada vez que hablamos de la construcción de las mega represas, la respuesta de muchos es: “nada se puede hacer”; “los intereses son demasiados grandes”, “ya se han pagado los estudios de factibilidades a costa del impuesto de todos los ciudadanos”, “los presidentes ya se han estrechado las manos”…

Pero nuestras iglesias dicen: “que a partir del compromiso desde el Evangelio en defensa de la vida y del medio ambiente en un encargo innato ante la Creación de Dios, nos oponemos a la construcción de las represas Garabí y Panambí sobre el río Uruguay debido a la cantidad de represas que ya están afectando e impactando en la calidad del agua y en la salud de la población.”

Danos fuerzas para asumir el compromiso que cada uno y cada una, desde nuestro lugar, tenemos para con la Creación. Y la esperanza de crear algo nuevo.

Malena Parras

Ezequiel 40,1-16 

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