Jueves 20 de febrero

 

Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, y por esto somos un solo cuerpo.

1 Corintios 10,17

Pablo, como toda persona, vivió un sinnúmero de problemas, acrecentados porque era una persona muy expuesta. Como apóstol, misionero, pastor, teólogo y escritor tuvo una enorme actuación pública.

Tuvo que orientar a sus comunidades cuando estas le enviaban sus dudas o consultas sobre problemas internos. Particularmente las cartas  a los Corintios dan testimonio de este diálogo sobre diversos conflictos. Una de esas cuestiones álgidas era la Cena del Señor. Le invito a que nos detengamos apenas en los dos versículos indicados.

El misterio de la Mesa del Señor, Santa Cena, Eucaristía o Comunión siempre ha fascinado a muchos creyentes. ¿Por qué Jesús eligió precisamente pan y vino? ¿Qué quiso decir cuando instituyó la Cena? ¿Qué naturaleza tienen esas sustancias? ¿Qué pasa con el pan y el vino cuando celebramos la Cena? ¿Qué se nos brinda, qué se espera de nosotros?

¿Qué sucede en ese acto de comer y beber juntos?

Se han hecho muchas reflexiones en torno a estas y unas cuantas preguntas más, tratando de definir todos los aspectos de este acto tan especial. Las diferentes opiniones han dividido iglesias y comunidades. A pesar de importantes acuerdos, sigue habiendo enormes diferencias entre esas interpretaciones.

Hoy no nos detendremos en eso, sino en algo que en realidad es bastante obvio, aunque muchas veces no nos percatamos de ello: al comer el pan y beber la copa, nos volvemos un solo cuerpo. Realmente algo grandioso. No es un ejercicio de dinámica de grupo, no es la formación de un club, no es un encuentro amistoso. En la celebración, se forma un solo organismo, una comunidad sólida entre personas diferentes. Quizá esto sea un misterio más profundo aún que el de la naturaleza del pan y el vino, cuyos intentos de comprensión han dividido a las iglesias hasta hoy.

Alegrémonos por esa cohesión, demos gracias por volvernos un solo cuerpo. Un cuerpo con una misión.

René Krüger

1 Corintios 10,14-22