Jueves 6 de junio

 

Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos, y quien les ayuda a llevarlos a cabo.

Filipenses 2,13

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Dios se encarnó en Jesús para permitirnos conocer y vivir su in-finito amor. Saber esta razón por la cual Dios se hizo humano, que continúa presente entre nosotras, entre nosotros, mediante el Espíritu Santo, es un regalo atinado, no porque lo merezcamos, sino porque Dios nos prepara a una vida de seguimiento.

Seguir a Dios invita a un modo diferente de pensar y vivir – la transformación de mente, corazón y acción. La vida cristiana no invita a ser meramente espectadores. El seguimiento implica que esa forma de ser de Dios: ser, acción, es su identidad. Dios es en cuanto actúa en Cristo y el Espíritu de vida. Seguirle implica oírle y, en la medida que nos humillamos, continuar su ejemplo. Esto es creer y afirmar la identidad discipular en el vivir cotidiano.

El discipulado se nutre en la profunda convicción en Dios como salvador mas también en la acción que expresa ese mismo amor dado en Cristo. El seguimiento e imitación de Jesús no lo hacemos solos, solas. El Espíritu Santo con su poder amoroso nos permite aprender y actuar en la solidaridad de la comunidad. Imitar a Jesús es tarea ardua porque nos descentra hacia las otras personas. Y en misericordia nos vincula para juntos y juntas llevar a cabo los buenos deseos de misericordia.

Oremos: Con humildad damos gracias por la presencia de Jesús que en su infinita bondad nos ha permitido seguirle y confesar en hechos que es Cristo. Amén.

Patricia Cuyatti

Filipenses 2,15-18