Jueves 6 de septiembre

 

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Yo dejaré en ti gente humilde y sencilla, que pondrá su confianza en mi nombre. Los sobrevivientes del pueblo de Israel no cometerán injusticias, ni dirán mentiras, ni llenarán de embustes su boca.

Sofonías 3,12-13

En la sección final de su libro el profeta Sofonías deja atrás el tema de la ira y de la promesa de destrucción y pasa a uno mucho más esperanzador, la cuestión de la promesa de la restauración que Dios hará con aquellos que verdaderamente se arrepientan de sus pecados, de sus faltas e iniquidades. Cuando las naciones hayan sido “disciplinadas”, juntas invocarán a Dios y le servirán de todo corazón. Los labios de la gente serán purificados, de modo que todos alaben y adoren a Dios, sirviéndolo.

Un remanente pequeño, pero humilde y fiel, sobrevivirá en Judá y ocupará el lugar de los orgullosos líderes.

Más importante, Dios morará entre su pueblo y corregirá sus errores pasados. Ya no necesitarán vivir con temor, porque Dios estará con su pueblo, morando en medio de ellos. Él será el Liberador y Salvador. Ellos podrán alimentarse y descansar sin miedo alguno. (Sofonías 3,13)

Tales bendiciones normalmente harán que el pueblo de Dios se alegre por él, pero el profeta declara que Dios se regocijará sobre ellos. Su amor y su gozo por su pueblo serán tan grandes que gritará sobre ellos con júbilo.

El Señor protegerá y reivindicará a su pueblo. Le otorgará todos los beneficios de su victoria, la que ganó por nosotros en la cruz. Él exaltará a los humildes y transformará la desgracia, el sufrimiento y la alienación en una experiencia de honor, de bendiciones, y estará con ellos. Se dará prominencia a los más necesitados y los más desamparados, un tema que está en el centro del mensaje proclamado por Jesucristo, nuestro Señor.

Julio Strauch

Sofonías 3,9-20