Lunes 16 de enero

 

 

Jesús le dijo: -Sígueme.

Lucas  5,27

 

Jesús llama a seguirle. Cada uno de nosotros hemos sido llamados por este Jesús. Jesús llama. Nosotros respondemos a su llamamiento. El llamamiento de Dios siempre es primero. Jamás hay seguimiento sin el llamamiento previo por parte de Dios. La iniciativa siempre y sin excepción viene de Dios, no de nosotros.

Recuerdo un seminario pastoral sobre misión que fue realizado en la ciudad de Louisville, Kentucky, allá por el 2010. En dicho seminario se enseñaban algunas estrategias para la misión. Recuerdo que todos los participantes estaban ávidos de aprender. Todos estaban tan ávidos como comprometidos con la llamada misión de la Iglesia. ¿Saben lo primero que se resaltó? Que nadie, ninguna iglesia, ninguna comunidad, ningún grupo, ningún ministro o ministra es dueña o dueño de la misión. ¡Ni siquiera la iglesia universal, la Iglesia como cuerpo de Cristo, es dueña de la misión!

Y esto es lo que quisiera que meditemos hoy: la misión de la Iglesia no pertenece a la Iglesia. Es decir, la Iglesia nunca envía, es Dios quien envía a la Iglesia. La misión nunca es una iniciativa de la Iglesia, sino una iniciativa de Dios. La razón de una comunidad de fe es la misión de Dios en el mundo. La razón de ser de la Iglesia toda es participar con, en y por Cristo, en la expresión del amor de Dios para con este mundo.

Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla.  (Mateo 9,37-38)

 

Sergio A. Schmidt

 

Lucas 5,27-32

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