Lunes 16 de marzo

 

¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio la autoridad para hacerlo?

Marcos 11,28 A Jesús le hacen esta pregunta luego de echar a los mercaderes del

templo…

Quizá también ante los caminos que nos propone Jesús le preguntamos: de dónde te viene la autoridad para pedirme esto o aquello, por qué a mí me pides tal cosa o tal otra.

Es que siempre que hablamos de autoridad pensamos también en obediencia y ciertamente obediencia nos parece que atenta contra nuestra libertad.

Vamos de atrás para adelante.

Pensemos en un músico o un cantante. Nadie dudaría que es libre. Y ciertamente disfrutan muchísimo de lo que hacen. Pero también son obedientes. Obedientes a quien hizo la letra de la canción, obedientes a quien escribió la partitura. Su libertad se juega en el elegir a quién obedece. Elige a quien obedecer, a quien seguir. Ser obediente no lo hace menos libre.

Y nosotros, ¿a quién seguimos, a quién obedecemos?

¿Por qué vale la pena seguir a Cristo? ¿Por qué es bueno para nosotros obedecerle? ¿Quién es Jesús?

¿Quién puede conocernos más que Aquel que nos hizo? ¿Quién puede saber mejor que Él lo que nos hace bien, lo que nos ayuda a crecer? Y, ¿quién puede comprendernos mejor que alguien que conoce desde dentro nuestras historias, nuestras capacidades, nuestros sentimientos, nuestras fragilidades, nuestras miserias?

Parafraseando a Pedro que ante la pregunta de Jesús: “¿también ustedes quieren irse?”, respondió: “¿a quién vamos a ir, si sólo Tú tienes palabras de Vida eterna?”, podemos decir nosotros: ¿a quién será mejor obedecer que a ti que me das Vida divina, que te compadeces de mí porque me conoces y te hiciste uno de nosotros? Y con Pablo podemos decir: me amaste y te entregaste por mí, por eso sé en quién he puesto mi confianza, mi esperanza.

José María Soria Pusinaro

Marcos 11,27-31