Lunes 17 de Octubre

 

 

Dios siempre nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros.
2 Corintios 1,4

En todos nuestros sufrimientos –sean por un desastre natural como un terremoto o una inundación, sean por un desastre ecológico como una sequía o un derrame de petróleo sobre uno de nuestros ríos, sean por un desastre económico a causa de alguna medida de ajuste sobre nuestros pueblos, sean por la pérdida de la vida de un ser querido por enfermedad o por un acto violento–, podemos alabar a Dios que nos tiene compasión…, que siempre nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros.

Maravillosa cadena de consuelo en medio de los sufrimientos para que podamos consolar y ser consolados, no en un espíritu de muerte ni de resentimiento, no en un espíritu de depresión ni de venganza, sino teniendo una esperanza firme, porque compartimos solidariamente los sufrimientos de Cristo y el consuelo de Cristo.

Maravillosa cadena de consuelo en medio de los sufrimientos para que podamos consolar y ser consolados, confiando en Dios, que resucitó a Jesucristo de la muerte, que nos librará de peligros mortales, y que seguirá librándonos, porque compartimos la esperanza transformando el dolor y la desesperación en gracia y paz.

Maravillosa cadena de consuelo en medio de los sufrimientos para que podamos consolar y ser consolados, orando los unos por los otros, compartiendo la vida y las necesidades, compartiendo el pan y el abrazo, porque así podemos “dar gracias a Dios por las bendiciones que de él recibimos”.

Guido Bello Henríquez

2 Corintios 1,1-11