Lunes 19 de marzo

 

Si ustedes fueran del mundo, la gente del mundo los amaría, como ama a los suyos. Pero yo los escogí a ustedes entre los que son del mundo, y por eso el mundo los odia, porque ya no son del mundo.

Juan 15,19

 

El texto de hoy se ubica luego de que Jesús anuncia su muerte a sus discípulos y promete enviar al Espíritu Santo.

En esta serie de últimas palabras o enseñanzas anteriores a la pasión, Jesús busca preparar a sus discípulos para lo que vendrá. Sabe que no será fácil, y pretende infundirles ánimos y que no pierdan la fe.

Aquí Jesús busca prevenirlos del desprecio de la gente. Él hace una distinción entre los valores “del mundo” y los valores que Dios busca instaurar.

¿Cuáles son esos valores imperantes en el mundo que los creyentes no deben avalar? Dichos valores se contraponen a las enseñanzas de Jesús. En el versículo 24 dice: No tendrían ninguna culpa, si yo no hubiera hecho entre ellos cosas que ningún otro ha hecho; pero ya han visto estas cosas y, a pesar de ello, me odian a mí y odian también a mi Padre. Es decir, una vez habiendo visto y escuchado las enseñanzas de Jesús, sus milagros, su amor, es necesario abandonar las antiguas creencias y valores para abrazar estas nuevas.

Jesús nos pide que seamos testigos, porque hemos visto y oído lo que quiso mostrarnos, hemos estado con él desde el principio, hemos sabido de su gran amor, de que otra manera de vivir es posible. Es posible abandonar los ídolos vanos del poder y los bienes materiales, es posible construir una sociedad más justa, basada en el amor y el respeto por la dignidad de todas y todos. Es posible perdonarnos, sanarnos, acompañarnos y caminar juntos.

Toda la vida de Jesús, aún su muerte, necesaria para su resurrección y su victoria, nos infunden ánimos, alimentan la fe de que otro mundo es posible si somos testigos del Maestro y constructores del reino.

Deborah Cirigliano

Juan 15,18-16,4

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