Lunes 24 de junio

 

Los chismes son como golosinas, pero calan hasta lo más profundo.

Proverbios 18,8

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El chisme se parece a ese monstruo mitológico de mil cabezas que al cortarle una, le crecen nuevas… El chisme es muy hábil porque se puede camuflar y esconder bajo un auténtico interés por el otro. Comento algo de alguien para que el otro pueda compartir la preo-cupación, hasta tal vez acompañar en la oración. Pero cuidado con eso. Se puede infiltrar fácilmente el deleite por las debilidades ajenas. El chisme es un vicio, y tenemos que entenderlo como tal. No es un simple comentario.

Quiero nombrar dos aspectos del chisme:

Uno: El chisme no se conforma con pasar de una persona a otra sin cambios. Necesita que cada uno le agregue ingredientes; al chisme le gusta crecer y transformarse.

Segundo: El chisme necesita ser alimentado porque no quiere morirse. El chisme sabe que va a morir si llega a una persona que no lo va a reproducir. Hay personas que nunca se enteran de nada. Porque no están en la cadena del chisme. Hacé la prueba. Alguien te comenta algo perjudicial o algo picante sobre otro. Si lo frenás y no entrás en el juego, si lo dejás ahí, probablemente dentro de poco no vas a tener más las informaciones más frescas sobre la vida privada de las personas. El chisme hizo un intento de involucrarte, no le fue bien, ya no te va a tener en cuenta… El chisme es tan peligroso porque algo siempre queda pegado. Los otros dirán: “algo de cierto debe haber”. Como con la calumnia, se destruye el buen nombre de una persona. El chisme es una señal de que el chismoso no sabe vivir su propia vida sino tiene que vivir la de otros. Y es una manera de apropiarse del otro, tomar posesión de él que generalmente no puede defenderse. Estoy convencida de que la única manera de salir de la mentira y del chisme es haciendo una clara y decidida renuncia.

Karin Krug

Proverbios 18,8-17