Lunes 7 de junio

Algunos de la sinagoga… comenzaron a discutir con Esteban; pero no podían hacerle frente, porque hablaba con la sabiduría que le daba el Espíritu Santo… Las autoridades y todos los que estaban allí sentados, al mirar a Esteban, vieron que su cara era como la de un ángel.

Hechos 6,9-10.15

Previamente, judíos de varias sinagogas dentro de Jerusalén discutían con Esteban. Pero cuando “no podían resistir la sabiduría y el Espíritu con que hablaba”, comenzaron a mentir acerca de lo que decía e influenciaban a otras personas para que testificaran en contra de él también. ¿Cómo manejó esto Esteban? “Ellos vieron su rostro como el rostro de un ángel.”

Cuando haces las cosas que vienen de Dios y para Dios, siempre habrá un resplandor en tu cara, un destello en tus ojos y una sonrisa en tus labios. Cuando haces las cosas que no emanan de Dios, tu cara normal bastará, no habrá brillo.

Yo creo que Esteban echó un vistazo fugaz al cielo mientras era perseguido y pudo hablar con sabiduría, no podían hacerle frente porque hacía las cosas con el poder del Espíritu Santo.

Acaso no te has preguntado: ¿Quién estuvo a mi lado durante mis pruebas más difíciles, cuando he sido atacado desde todas las esquinas y no me pudieron rebatar ni hacerme daño? Es cuando he tenido mis experiencias más fuertes y reveladoras con Dios, mi propio vistazo fugaz del cielo. Dios ha utilizado mis momentos más difíciles para dejarse ver por mí y hacer que mi fe esté viva y vibrante.

¡Hermano, hermana! ¿Estás atravesando un momento difícil ahora? Te invito a levantar la mirada al cielo y dejar que el poder del Espíritu de Dios te enrede en sus brazos para que tu rostro brille como brilló el rostro de Esteban. La expresión de Esteban reflejaba sus pensamientos.

Hazte la pregunta: ¿Qué manifiesta tu cara acerca de lo que estás pensando? ¿Expresa tu rostro brillo o simplemente un rostro normal que muestra más de lo mismo o que solamente quiere alborotar al otro, al pueblo…? Haz esa pregunta a un buen amigo – podrías sorprenderte con la respuesta.

Que el Dios Trino derrame su amor y gracia sobre tu vida. Amén.

Daniel Enrique Frankowski

Hechos 6,8-15

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