Lunes 8 de enero

 

 

Quien que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Juan 3,3

Este capítulo tan profundo del evangelio de Juan nos plantea una pregunta fundamental: Nicodemo, un maestro fariseo, se va de noche a ver a Jesús y le pregunta cómo puede entrar en el reino de Dios. Jesús le da una respuesta inesperada: Nosotros no podemos hacer nada, tenemos que nacer de nuevo. Pero Nicodemo, no satisfecho, tal vez hasta un tanto irónico y cínico, le dice: ¿Cómo naceré de nuevo, si, siendo ya grande, no puedo volver a entrar en el seno de mi madre…?

A pesar de haber estudiado las Escrituras, no ha comprendido que necesitamos a un redentor misericordioso que nos regala la salvación. Jesús, sin perder la paciencia, le dice: De agua y del Espíritu nacerás de nuevo. Agua y Espíritu… Con agua somos bautizados, pero sólo cuando nos arrepentimos, cuando pedimos perdón por nuestros pecados y aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, nacemos de nuevo por el Espíritu Santo. Agua y Espíritu… Es un milagro, un regalo de este Dios que amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. (v.16).

Pidamos, pues, a Dios que nos guíe, que nos acompañe y que nos fortalezca en la fe en Jesucristo, para que podamos aceptar su regalo del nuevo nacimiento de agua y del Espíritu, y así llegar a ver el reino de los cielos, en nuestra vida de ahora y en la eternidad.

Luisa Krug

Juan 3,1-22