Lunes 8 de julio

 

Vuélvanse al Señor llevando con ustedes esta oración: “Perdona toda nuestra maldad y recibe con benevolencia las alabanzas que te ofrecemos… Ya no llamaremos ‘Dios nuestro’ a nada fabricado por nosotros mismos, porque solamente en ti, Señor, el huérfano encuentra compasión”.

Oseas 14,2-3

Una y otra vez el profeta Oseas insta al pueblo de Israel a volverse al Dios verdadero. Esta vez les ofrece una ayuda-memoria, el modelo de una oración que les debe facilitar el proceso de arrepentimiento. Es como cuando Jesús les enseñó a sus discípulos a orar y les propuso las palabras del Padrenuestro. Sí, la práctica constante de la oración puede no sólo aliviarnos de aquello que nos pesa, sino también a pre-disponernos para el cambio.

Volverse a Dios seguramente significará, para quien lo intenta, una corrección en el rumbo de su vida, un cambio de estilo de vida. En este cambio es importante que dejemos de endiosar a los dioses de nuestra propia invención: eminencias políticas, que finalmente nos engañan; jugadores de fútbol, que a pesar de su fama no nos llevan a ganar el mundial; el dinero que nos facilita el consumo, pero no nos trae la felicidad anhelada; el celular que nos absorbe de tal manera, que al final ya ni sabemos cómo nos llamamos; etc. La oración de Oseas nos recordará que el único en el que podemos confiar plenamente, cuando por fin nos habremos dado cuenta de que nuestros dioses fabricados son todos unos inservibles, es Dios, creador del universo, y que en Jesucristo se nos ha revelado como nuestro amparo misericordioso, que no hace acepción de personas, no nos impone cargas incumplibles, que no nos engaña ni nos abandona.

Federico Hugo Schäfer

Oseas 14,2-10; Santiago 3,13-18