Lunes 9 de enero

 

 

Se levantaron, expulsaron a Jesús del pueblo y lo llevaron hasta la cumbre de la colina sobre la que estaba construido el pueblo, para tirarlo por el precipicio.

Lucas 4,29

Hay un tango muy popular que describe la situación del hombre perdido como “cuesta abajo en la rodada”. Es habitual entre los jóvenes rioplatenses la expresión “desbarrancar”, que se utiliza cuando alguien se desubica, hace algo fuera de lugar, se excede en relación al consumo de alguna sustancia. ¿Tomó alcohol? ¿Consumió drogas? Sí, mal… Desbarrancó, se fue a la banquina, derrapó, se fue al pasto…

Y una cosa es que nosotros desbarranquemos por nuestros propios excesos pero otra cosa diferente es pretender tirar a Jesús por el barranco. Llevar a Jesús hasta lo más alto de la colina para tirarlo por el precipicio.

Me pongo a pensar cuántas veces intentamos tirar por el barranco a un Jesús que nos molesta, ya que es muy fácil ubicarnos siempre en el lugar del bueno del relato. Nosotros siempre creemos ser “el buen samaritano” a la hora de repartir los papeles. Nunca queremos ser ni el herido ni el que pasa de largo. En este caso, señalamos con el dedo a los bárbaros que quieren tirar a Jesús del barranco, cuando muchas veces somos nosotros mismos los que tenemos ganas de descartar a este Jesús que nos viene a cuestionar nuestra comodidad y falta de compromiso.

Señor, quiero pedirte perdón por tantas veces que te desbarranqué y tantas otras que también intenté arrojarte por el precipicio. Te doy gracias, Señor, porque me permites reconsiderar mi actitud, y porque me das la oportunidad de volver a servirte.

Señor, heme en tus manos, dirígeme. (Canto y Fe Nº 306)

Aníbal Barengo

Lucas 4,22-30