Martes 11 de julio

 

 

Allí Pablo tuvo de noche una visión, vio a un hombre de la región de Macedonia, que puesto de pie le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. En cuanto Pablo tuvo esa visión, preparamos el viaje a Macedonia, seguros de que Dios nos estaba llamando para anunciar allí las buenas noticias.

Hechos 16,9-10

Hace algunos años escuché a un predicador decir que nuestros proyectos de vida y nuestras tareas eclesiales se parecían a una persona que, habiendo hecho una torta, luego se dirigía a una pastelería y le pedía al dueño o dueña del lugar que se la decorara. Cuando toda la obra estuviera hecha, sólo le pedía que esa torta se la dejara linda para la vista.

¿Qué tal si así son nuestras tareas y proyectos? Primero planificamos y las ponemos en marcha, y sólo entonces pedimos a Dios que por favor nos ayude y que lleve a buen término lo que hemos decidido.

Parece que el Apóstol Pablo tenía otra práctica. Dejarse inspirar por Dios y luego hacer según la inspiración que Dios le mandaba. No podemos decir que no haya tenido éxitos y fracasos, ni tampoco, que no sea una lógica diferente de lo que nosotros habitualmente ponemos en práctica.

¿Qué pasaría si antes de iniciar una obra diaconal o algún proyecto de vida personal, o tal vez algún proyecto parroquial, primero dobláramos delante de Dios nuestra cabeza y, por qué no, nuestras rodillas para que nos inspire y nos dirija? Nos muestre si aquello que queremos es lo que él quiere. Si no, después nos enojamos porque Dios no bendice, “no decora” nuestros deseos, y lo que nos proponemos no llega a buen término. ¡Cuánto tiempo perdemos en todo eso! Es como si el surfista, antes de subirse a la tabla y surfear la ola, se dedicara primero a fabricarla y hacer el viento para que sople, y sólo cuando todo estuviera en condiciones poder surfear. Sería mucho más sencillo si cada quien con sus dones (como tablas de surf) sólo se dedicara a surfear esas olas que se arman frente a nosotros. Dejemos a Dios que mueva el viento, que eleve la ola y nos lleve a donde su fuerza nos arrastra. De seguro tendremos éxito en nuestros proyectos. No le dejemos a Dios la tarea de amoldarse a nuestros deseos, sino que podamos nosotros amoldarnos a los suyos.

Sergio López

Hechos 16,6-15