Martes 14 de noviembre

 

 

Ellos dicen: ´Nuestros huesos se secaron y pereció nuestra esperanza. ¡Estamos totalmente destruidos!´ (…) Y dijo Jehová: “Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis, y os estableceré en vuestra tierra. Y sabréis que yo Jehová, lo dije y lo hice”.

Ezequiel 37,11.14

A pesar de las promesas recibidas, como lo hemos podido leer en la meditación de ayer (Ezequiel 36,16-32), el pueblo que se encontraba en cautiverio en Babilonia no estaba en condiciones de escucharlas. Sólo pensaba que eran como huesos secos y calcinados, muerto y sin futuro. Pero el Señor envió al profeta Ezequiel a contagiar confianza y aseguró que les dará el Espíritu y que podrán comprometerse con la tierra.

En el siglo XXI, cientos de miles de personas de países en los cuales existen guerras, detenciones arbitrarias, torturas, represión, abusos sexuales salen desesperadamente a buscar refugio en otros países. Para ellos no hay futuro ni esperanzas en el propio país. Están como huesos expuestos a la violencia de la guerra, de la tortura, prontos a ser calcinados. La única salida y esperanza es encontrar un país que los reciba y permita reconstruir sus vidas.

Cientos de personas, entre los que se encuentran María y Rogerio, están luchando día tras día contra alguna enfermedad grave ocasionada por el uso y abuso de agroquímicos que son rociados sobre miles de hectáreas de campo. El imperio es como el de Babilonia en aquel entonces, poderoso. Con grandes y fuertes tentáculos, lleno de codicia y avaricia, logra importantes alianzas gracias a la millonaria ganancia a costa de la vida y de la salud de la población y de la tierra. ¿Cuál es la salida para María y Rogerio que sienten cómo sus”huesos se van secando”?

Que también hoy el Señor regale confianza y su Espíritu a quienes buscan desesperadamente refugio, a quienes están en la situación de María y de Rogerio, a quienes se encuentran en “un valle de huesos secos” y ya no saben cómo seguir. Amén.

Pedro Kalmbach

Ezequiel 37,1-14