Martes 20 de octubre

 

¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. Yo, el Señor, lo afirmo.

Jeremías 18,6

En este texto Dios le pide al profeta Jeremías que vaya a la casa del alfarero para verlo trabajar. El alfarero es un artesano que se especializa en trabajar el barro para obtener distintos productos, trabaja sobre un mismo bloque de barro hasta obtener lo que quiere. Convierte barro amorfo en algo útil y, muchas veces, hermoso.

Dios le dice a Jeremías que puede hacer con los israelitas lo mismo que el alfarero hace con el barro, formándolos a su voluntad. Sin embargo, Dios no es un alfarero arbitrario que desecha su trabajo si no resulta como quiere, trata de impulsar cambios en las personas y en las comunidades para que puedan rever sus actitudes para mejorar sus acciones y conductas. De esta manera también nosotros nos encontramos en las manos de Dios como si estuviéramos en las manos del alfarero y es Dios mismo quien nos invita a que cambiemos aquellas cosas que estén mal en nuestras vidas, sólo nosotros y Dios sabemos cuáles son, pero la promesa de Dios es que nos ayudará y nos moldeará para que nos convirtamos en una pieza única y hermosa. Esto es, nos ayudará a cumplir nuestras metas y objetivos, nos guiará a través de los diferentes momentos de nuestras vidas y nos irá mostrando el camino a recorrer.

Haz lo que quieras de mi Señor, tú el alfarero, yo el barro soy. Dócil y humilde anhelo ser; cúmplase siempre en mí tu querer. (Canto y Fe N° 309)

Guillermo Perrin

Jeremías 18,1-12