Martes 25 de diciembre

 

Navidad

Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra; den rienda suelta a la alegría y cántenle himnos. 

Salmo 98,4

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Uno de los acontecimientos que más moviliza las emociones en una familia es la llegada de un nuevo niño, o una niña. El impacto es tan grande y la experiencia tan excepcional que se reacciona de una manera única; cada cual, en el nuevo rol en el que esta criatura le pone, es transformado.

La Navidad tiene esa fuerza. Es este día en particular en que celebramos el nacimiento de Jesús; en las comunidades recordamos los relatos, enseñanzas y cantos, y dando espacio a la necesidad de revivir y teatralizar la escena.

Con el tiempo, la Navidad, se ha llenado de rituales y adornos que no tienen que ver la celebración en sí, pero se han vuelto parte porque son expresión de este no saber bien qué hacer con una experiencia tan profunda, y que por ser colectiva contagia, aún a quienes no se conectan con la espiritualidad cristiana, este querer expresarse de alguna manera en este tiempo.

En este mundo revuelto, tal vez el trabajo de las comunidades es escuchar el llamado del salmo y seguir cantando con los salmistas de hoy:

… para traernos la paz…,  para borrar la injusticia…, para inquietar nuestras vidas… En cada uno que lucha…, en cada nueva esperanza… todos los días nace el Señor…  (Canto y Fe Nº 9)

Cristina La Motte

Salmo 98,1-6; Isaías 52,7-10; Hebreos 1,1-6; Juan 1,1-18; Agenda Evangélica: Juan 3,31-36