Martes 27 de noviembre

 

El Señor esperaba de ellos respeto a su ley, y sólo encuentra asesinatos; esperaba justicia, y sólo escucha gritos de dolor.

Isaías 5,7

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¡Qué frustración la de Isaías! Con toda claridad recuerda lo que Dios esperaba del pueblo de Judá y con toda crudeza denuncia lo que Dios encontró. Nada de lo que Dios esperaba había allí.

No puedo evitar leer este texto sin pensar rápidamente en los diversos lugares en los que cada uno de nosotros vive. ¿Qué diría Isaías hoy? ¿Cómo se sentiría? Es seguro que en algunos casos tendremos opiniones diferentes. Lo que para unos hoy parece ser un buen camino es para otros lo opuesto al camino que debería seguirse. Es la realidad de cada día.

Pero Isaías no da lugar a la duda: Dios espera algo, pero se encuentra con lo contrario a lo que esperaba. Dios sigue esperando de nosotros y de nuestros pueblos que escuchemos su voz, respetando su ley, viviendo en justicia. Su ley promueve la vida y la dignidad; su justicia fortalece al débil, al oprimido y al cansado. El camino a seguir es claro: promover la vida, estar allí para el débil y el cansado, defender al oprimido y denunciar al opresor. Dios quiera guiarnos por ese camino para que al mirarnos encuentre en nosotros aquello que él espera.

En este día quiero escucharte, Señor. Muchas veces decidimos seguir nuestro propio camino sin escuchar tu palabra, sin tomar en serio tu voluntad. Te pido que nos guíes para comprender tu voluntad y vivir así en justicia cada día. Ven, Señor, y renuévanos cada día. Amén.

Christian Stephan

Isaías 5,1-7