Martes 28 de noviembre

 

 

Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5,18

Somos invitados por el Apóstol Pablo a dar gracias a Dios por todo, a mirar todo lo que Dios ha hecho por nosotros, tener corazones agradecidos. ¡Qué desafío!

Vivir la vida con gratitud es una gran dificultad de nuestros tiempos, incluso para nosotras, para nosotros los cristianos. En general, nuestra actitud frente a la vida es de queja, de reclamo, nos cuesta mucho agradecer y reconocer que todo es fruto de la bondad de Dios. En mi trabajo pastoral me gusta, cada cierto tiempo, hacer un pequeño ejercicio en el que invito a un momento de acción de gracias por todo lo que recibimos de Dios. En silencio, invito a cada persona, a pensar sobre su vida y elegir una situación por la que le gustaría agradecer a Dios.Es sorprendente ver la enorme lista de motivos de gratitud.

En nuestro caminar muchas veces perdemos el ánimo, en medio de sufrimientos, enfermedades y dificultades, llegando a pensar que Dios nos ha abandonado. Entonces, nuestra esperanza se transforma en desesperanza. Sin embargo, Dios siempre se hace presente para que nuestra vida recobre sentido y renueve nuestras esperanzas. Los invito a hacer ese silencio y recorrer sus vidas. ¿Sienten que Dios ha estado presente y los ha cuidado con su amor y misericordia?

A veces nos cuesta percibir las buenas nuevas de Dios en nuestras vidas. Pero cuando recorremos nuestra vida, hemos de maravillarnos por todo lo que él nos ha hecho. En Cristo Jesús, nos mostró amor sin medida, sin límites por cada uno, por cada una de nosotras. Envió a su hijo al mundo para venir a nuestro encuentro, él llega a nosotros y nos recibe como somos para acompañarnos y transformarnos en sus hijos e hijas. ¡Qué maravilloso es saber que Dios es lleno de misericordia y que su gracia siempre nos acompaña!

Den gracias a Dios por todo. Con corazones agradecidos cantemos a nuestro Dios, pues él es: “el Dios de la vida, está con nosotros creando esperanza y libertad”.

Izani Bruch       1 Tesalonicenses 5,1-11