Martes 3 de noviembre

 

Hazme volver, y volveré; porque tú eres el Señor mi Dios.

Jeremías 31,18

Un error, un paso en falso, un fracaso y se acaba el juego. “Fin del juego” se llama eso en los videojuegos. Menos mal que siempre algún “dios desde la máquina” (deus ex machina) – un artefacto, un conjuro o una poción – elimina el error, revierte el paso en falso o deshace el fracaso. Y así el juego puede seguir.

Amado hermano, amada hermana: cuando miras tus errores, fracasos y pérdidas, tal vez te lamentas de que la vida no sea un videojuego; que, aunque supliques “Hazme volver, y volveré”, Dios no aparece como deus ex machina para deshacer lo que hiciste, para retirar lo que dijiste y restaurar lo que perdiste.

Pero si lo pasado nunca deja de ser pasado y te persigue a muerte como un cazador, ¿qué puedes pedir, entonces, a Dios?

Primero, que sea el Señor. Es decir, que Su nombre sea santificado, venga Su Reino y se haga Su voluntad.

Segundo, que, siendo Señor, sea tu Dios. Es decir, que este Santo Señor sea el amparo en tu necesidad, el castillo fuerte ante tus enemigos y la roca salvadora en el raudal de tus tentaciones.

Tercero, que, siendo el Señor tu Dios, te haga volver. Es decir, que Su amparo sea tu recreación, Su castillo fuerte te encubra como una vestimenta nueva y Su roca salvadora sea la piedra principal que te reconstruye.

Cuarto, que, habiéndote hecho volver, puedas volver. Es decir, que puedas andar como nueva creatura, revestido de Su misericordia, por las sendas de Su justicia.

Si le pides eso, te oirá como oyó a Efraím (Jeremías 31,18). Amén.

Michael Nachtrab

Jeremías 31,18-20.31-37