Martes 31 de agosto

Durante siete días celebraron con alegría la fiesta de los panes sin levadura, pues el Señor los había llenado de alegría al hacer que el rey de Persia los favoreciera y ayudara en la reconstrucción del templo de Dios, el Dios de Israel.

Esdras 6,22

Finalmente, después de muchas dificultades, idas y venidas, el gran Templo de Jerusalén, símbolo de la identidad del pueblo judío, pudo ser reconstruido luego de la cautividad en Babilonia. El pueblo se reúne y festeja durante días con ritos religiosos, pero también con comidas y baile. Es un motivo de gran júbilo porque entienden que Dios los ha acompañado durante los difíciles años previos al exilio, durante la invasión babilónica, en el exilio y ahora también en la vuelta a la tierra de Judá y a la ciudad de Jerusalén.

Hay muchos relatos en la Biblia en los cuales se habla de la alegría como consecuencia de la acción de Dios a favor de su pueblo. La alegría es descripta en términos muchas veces exaltados, no es una pequeña sonrisa sino es júbilo, saltos de alegría, danzas, gritos, comidas y fiesta. Es decir, cuando el pueblo de Dios festeja lo hace con todas las letras.

También en el Nuevo Testamento, particularmente en las cartas del apóstol Pablo, se exhorta a los creyentes una y otra vez a tener alegría. Recordemos las famosas palabras de Pablo: “…estén siempre alegres en el Señor, repito, estén alegres.”

La alegría es una actitud de vida, tiene que ver con la gratitud por lo que Dios me ha dado, con la gratitud por mis hermanos y hermanas en la fe, la gratitud por saberme hijo o hija de Dios, llamado/a a seguir sus pasos sirviendo a los demás.

La alegría está en el corazón de aquel que conoce a Jesús; la verdadera paz está en el aquel que ya conoce a Jesús. (Himnario de la IERP en el Distrito Paraguay Nº 229)

Sonia Andrea Skupch Esdras 6,1-22

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