Martes 5 de mayo

También Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3,18

De trata de esclavos a predicador anglicano. Este testimonio de la primera carta de Pedro se hizo evidente en la vida del inglés John Newton: La primera parte de su vida, Newton fue comerciante de esclavos, actividad en la que se destacó por su crueldad.

En 1748 durante una navegación frente a la costa de Irlanda, su barco fue sorprendido por una tormenta. Newton despertó en medio de la noche mientras el barco se hundía, y comenzó a encomendarse a su Dios. Milagrosamente su barco pudo quedar a la deriva y él logró salvarse. Desde aquel momento evitó la blasfemia, el juego y la bebida. Aunque siguiera trabajando en la trata de esclavos, cada vez más aumentaba su compasión por los esclavos.

Más tarde dijo que su conversión verdadera no pasó hasta después de un tiempo: “No puedo considerarme para nada haber sido un creyente en el sentido lleno de la palabra, hasta un tiempo considerablemente después”. En Liverpool logró un cargo como primer oficial a bordo del barco negrero Brownlow, destinando a Antillas vía la
costa de Guinea. Mientras estaba en el oeste de África (1748-1749), Newton reconoció la insuficiencia de su vida espiritual. Enfermó con una fiebre y profesó su creencia llena en Cristo, pidiendo a Dios tomar el mando de su destino. Él, más tarde, dijo que esto era la primera vez que él se sintió totalmente en paz con Dios. Estudió Teología y llegó a ser pastor anglicano y compositor de himnos cristianos.

En 1788, 34 años después de que él se hubiese retirado de la trata de esclavos, se hizo aliado de William Wilberforce, líder de la campaña parlamentaria para suprimir la trata de esclavos africana. Newton vivió para ver su momento de triunfo cuando en 1807 en Inglaterra se promulgó la “Slave Trade Act”, Acta del Comercio de Esclavos. (Resumido de textos de Wikipedia).

Dieter Kunz