Miércoles 11 de julio

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La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente: – Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?

Juan 4,29

Escribiendo esta página, a principios de 2017, escucho que se produjeron el año pasado más de 300 femicidios en Argentina.

En el encuentro con la mujer samaritana, tan despreciada y evitada, Jesús tiene una actitud muy diferente hacia ella. Conoce profundamente su pasado, pero la valora y cambia mejorando su situación. Ella puede ahora hablar públicamente de su pasado. Se siente habilitada por Jesús y como primera misionera produce algo sorprendente en el pueblo de Sicar (v.5). Quizás más por curiosidad, la gente se deja convencer por ella y comienza a movilizarse para ir a conocer a Jesús.

Por otra parte los discípulos se desconciertan viendo a Jesús conversar con la mujer. Quizás un tanto celosos consideran que su maestro traspasa los límites tradicionales. Pero, ellos explican que el encuentro con la samaritana es parte de la misión que recibió del Padre y que, además, ellos también están incluidos en la tarea. Los seguidores de entonces y los de ahora son partícipes de la transformación que Dios hace en su mundo y en su gente. 

Mientras nos preocupamos demasiado por nuestro pan cotidiano, la gente ganada y en contacto con Dios, se asombra y maravilla porque el reino de Dios crece con la gente más extraña en los lugares más insospechados…

¿Cómo ocupamos nuestro lugar en la misión que Dios quiere realizar aquí y ahora?

Rodolfo R. Reinich

Juan 4,27-42