Miércoles 14 de febrero

 

 

Luego, todos los ancianos de la ciudad se lavarán las manos sobre la ternera muerta.

Deuteronomio 21,6

El versículo corresponde a un fragmento de Deuteronomio en el que se explican los pasos a llevar a cabo “si en el país que el Señor su Dios les va a dar en propiedad se encuentra en el campo el cadáver de una persona asesinada, sin que se sepa quién la mató”. Son instrucciones que mandan matar una ternera y quedar limpios ante el Señor, de la culpa por aquel otro asesinato. Un espantoso rito, con muerte de un animal inocente. Como sabemos, el sacrificio para quitar pecados culmina con Jesús y con su muerte termina este tipo de procedimientos. Veo esto como una señal que atraviesa la Biblia con una dirección y un sentido. En la parte inicial de este proceso se ubican estos sacrificios de animales que considero crueles e inútiles pero que eran quizá un progreso frente al salvajismo y la falta de leyes reinantes en esas épocas. Estos ritos eran por lo menos procedimientos que ponían orden y un final a la violencia, al evitar búsquedas de venganza interminables. En la culminación del proceso está Jesús, quien nos indica hacia dónde debemos avanzar sin conservadurismo, con cada vez más sensibilidad y tolerancia hacia los más débiles, enfermos y moribundos. Hoy en día son muchos animales y humanos las víctimas de mantener estática nuestra moral. Por eso Jesús siempre señaló más allá, no dejó a nadie tranquilo de que estaba haciendo las cosas muy bien. Su vida y su muerte cargan con sacrificios, nos liberan de muchos de ellos y nos otorgan la responsabilidad de contribuir al progreso moral.

Tomás Tetzlaff

Deuteronomio 21,1-9