Miércoles 2 de septiembre

 

Jesús salió de Cafarnaúm y fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán. Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar; como tenía por costumbre.

Marcos 10,1

Tu palabra, Señor, es como la semilla

esa que cae dadivosa en tierra fértil

que penetra profundamente buscando abrigo y humedad porque sabe que algún día, ella ha de brotar. Tú nos llamas, Señor, a lanzar la simiente

sin límites y sin medida por el mundo

aun sabiendo que cardos y espinos la pueden ahogar porque ella tiene vida y algún día ha de brotar. Tú esperas, Señor, con paciencia,

como el grano fecundo espera germinar,

tú esperas, Señor, que tu Palabra

sea esparcida generosamente por la tierra porque tú sabes que algún día ha de brotar. Tú sueñas, Señor, que ese pequeño germen diseminado con nobleza y entrega

eche raíces profundas y comience a madurar confiando en que la siega será abundante porque ya comenzó a brotar.

Tú confías, Señor, en este suelo fructífero

de tierras labradas y esperanzas logradas,

tú confías, Señor en que ese retoño

que comenzó frágil y con timidez a gestarse sea ya un árbol frondoso, de tupido follaje y con muchos frutos para cosechar.

Stella Maris Frizs

Marcos 10,1-12