MIércoles 23 de septiembre

 

No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasen necesidad, se trata más bien de que haya igualdad. Ahora ustedes tienen lo que a ellos le falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falte a ustedes, y de esta manera habrá igualdad.

2 Corintios 8,13-14

El apóstol Pablo apela al amor de la comunidad de Corinto. No habla en números, desea que sea una ofrenda libre y sentida, al criterio de cada uno y cada una, según sus posibilidades. Vale señalar que la mayoría de los miembros de la comunidad de Corinto también eran pobres, no tan pobres como los cristianos de Jerusalén, pero eran personas sin muchos recursos materiales. Entonces, lo que importa es “equilibrar”, esto recupera el concepto de ser equitativos/as. La evidencia está cuando Pablo dice: “No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasen necesidad, se trata más bien de que haya igualdad”.

Será aceptada y bien recibida la ofrenda que sea según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Otra vez Dios no espera que demos lo que no tenemos. La ofrenda no puede ser medida por la cantidad. Aquí la importancia es el deseo de ayudar como una manifestación del amor de Dios para cada persona. Donde las intenciones se llevan a la práctica con un corazón agradecido.

Cuando el asunto de ofrendar es traído en cuestión muchos preguntan: ¿Cuánto se supone que debo dar? La meta no es afligir a aquellos que ofrendan, es para demostrar el corazón bondadoso y el amor de Cristo Jesús.

Ayudar a nuestro prójimo es comprometerse a caminar juntos y juntas. Nos hacemos hermanos y hermanas cuando somos solidarios con quienes tienen y sufren necesidades.

Marisa Hunzicker

2 Corintios 8,10-24