Miércoles 27 de mayo

Por eso te recomiendo que avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos.

2 Timoteo 1,6

El apóstol Pablo, preso y ya cercano a su muerte, y con una vasta experiencia como misionero, escribe esta carta a su joven colaborador Timoteo con toda una serie de instrucciones y consejos acerca de la vida cristiana y de su tarea como anunciador de la buena noticia de la salvación de Jesucristo.

Timoteo proviene de una familia de fe, fueron su abuela Loida y su madre Eunice las que le transmitieron la fe cristiana. El apóstol Pablo le recomienda a Timoteo que avive el fuego del don que Dios le dio. Hace esta recomendación porque la fe que no está unida a su fuente que es Jesucristo se puede desgastar, agotar e incluso apagar. Mantener vivo el fuego de la fe es en parte una responsabilidad y tarea nuestra. Claro que es Dios quien nos regala el don de la fe, pero es nuestra tarea mantener viva esa llama y ese ardor del corazón que nos hace vivir sin temor, en un espíritu de poder, de amor y de buen juicio. ¿Cómo se mantiene viva la llama de la fe? A través de la oración, pidiéndole a Dios que nos regale su Espíritu Santo, a través de la lectura de su Palabra, encontrándonos con nuestras hermanas y hermanos y descubriendo en ellos el rostro de Jesucristo, dejándonos amar por Dios y por los demás y en el servicio de amor y entrega hacia aquellos que sufren y que son más vulnerables.

Dame la fe que vencerá, en todo tiempo, mi Jesús; dame la fe que fijará mi vista en tu divina cruz; que puede proclamar tu amor, tu voluntad hacer, Señor. (Culto Cristiano N° 224)

Sonia Andrea Skupch

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