Miércoles 31 de mayo

 

 

¿Por qué llenó Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo?

Hechos 5,3

El espíritu de mentira.

A veces, las cosas nos salen demasiado fácilmente de los labios: confesamos con grandes palabras que sólo aceptamos a Cristo como único Señor y Dios de nuestra vida; y renunciamos con bombos y platillos a la abundancia de todos aquellos que pretenden ser señores y dioses de nuestra vida.

Por eso, admiro profundamente la fe de aquellos que todos los días, y no solamente una vez por todas, puedan decir “sí” diciendo simplemente “sí”, y del mismo modo decir “no”, diciendo simplemente “no”. Porque ciertamente todo lo que va más allá de esto, procede del mal  (Mateo 5,37). Y ese mal es Satanás, que seguramente no es monstruoso pero, sin duda alguna, sádico como ninguno. Él tergiversa y pone todo en duda porque quiere hacer su juego con nosotros. Más sufrimos, más se divierte; sobre todo cuando puede hacernos “panquequear” – vuelta para acá, vuelta para allá, hasta que se nos confunde nuestro “sí” con el “no”. Luego, ese espíritu de mentira miente al decir que es posible servir a la vez a dos amos. ¡Qué va! Tres, cuatro, más amos mejor todavía. Lo importante es – así nos engaña – que procuremos que la parte aparente ser el todo, sobre todo ante el viejo mufa allá arriba.

Querido hermano, querida hermana: es necesario que te decidas. Pero hazlo sólo cuando puedas decir “sí” y “no” con la sencillez de un “sí” y un “no”. Hasta ese momento te invito a orar la oración que está abajo, que también te servirá cuando todos los días tengas que decidirte nuevamente.

Señor, ten misericordia de mí. Creo, ayuda a mi incredulidad.

Michael Nachtrab

Hechos 5,1-11