Amor que incluye

La Pasión de Jesucristo se enlaza estrechamente con el relato de la última cena. Cena y Pasión se unen y entrelazan como parte de una misma realidad. La comunión inclusiva y la mesa sin muros ni fronteras que nos invita a compartir tienen consecuencias dramáticas y fantásticas. Es al mismo momento un escandaloso desafío a otras mesas cerradas y es un programa de vida para su comunidad.

Lectura bíblica:
Juan 18,1-19,42 / Isaías 52, 13-53,12 / Salmo 22 / Hebreos 10, 16-25 o Hebreos 4,14-16, 5,7-9

Una vez más, Jesús se coloca en un espacio geográfico que su presencia transforma en un espacio teológico y pastoral. El torrente señalaba el límite de la ciudad de Jerusalén. Jesús se ubica fuera de ese centro de poder religioso y político. A esta Jerusalén asociada a la muerte se le opondrá otro espacio débil y clandestino donde se reúne la otra comunidad de fe. El huerto donde la comunidad de Jesús de Nazaret se congrega es el espacio de la vida nueva y renovada. Nosotros y nosotras, aquellos y aquellas que trabajamos en esta acción pastoral del vih y sida, con sus profundos ejes transversales de igualdad y de derechos humanos también nos ubica en otro espacio. Nos ubica en el espacio alternativo que quiere mesas abiertas e inclusivas. Nosotros y nosotras también vivimos en la clandestinidad enfrentados a las diversas ortodoxias y a los muchos fundamentalismos e integrismos.

La cantidad de fuerzas que se movilizan para aprehender a Jesús de Nazaret nos muestra lo peligroso que puede ser para el sistema hegemónico un mensaje y una acción alternativa. En nuestra acción pastoral en el vih y el sida nosotros y nosotras debemos recuperar ese mensaje y esa acción alternativa. Vemos permanentemente como diversas acciones y emprendimientos que pretenden domesticar los desafíos que nos presenta la epidemia del vih y del sida, con toda su fuerza revolucionaria, transformados en una simple acción de ayuda y de cuidado. Es importante mantener abiertos los desafíos que representa la epidemia a nuestra tradicional lectura de las Escrituras, de nuestra Teología y de nuestras diversas acciones pastorales.

Ambos grupos, los que llegan a aprehender a Jesús de Nazaret como aquellos y aquellas que le rodean, llevan armas. Unos proceden de las tinieblas y por ello llevan antorchas e instrumentos de muerte. Otros están en la luz pero no han entendido la novedad del Reino y continúan teniendo una comprensión derivada de la ortodoxia fundamentalista. Unos han comprendido muy bien lo peligroso que es el amor que incluye y otros no llegan a comprender la magnitud de la aventura a la cual nos invita Jesús.

Jesús de Nazaret no intenta escapar a las consecuencias de su comunión con excluidos, pecadores y estigmatizados. Asume plenamente su compromiso por la justicia y la fraternidad inclusiva que pone en peligro el pensamiento estructurado en jerarquías sociales, éticas y morales. El soñar con una comunidad de iguales tiene que pagar un precio y tiene consecuencia.

La revelación de su identidad va acompañada, como siempre, de su preocupación por la libertad de sus discípulos. Cruz y libertad se unen en el pensamiento de Jesús y también deben ir unidas en nuestras convicciones. El promover la libertad de los grupos vulnerables al vih y sida y de las personas que viven con el vih y con el sida también es parte de la cruz de justicia que hemos asumido en nuestro bautismo y que la mesa de la inclusividad nos alimenta. En el sacramento recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo derramada en la cruz que proclama la libertad de todas y todos los oprimidos y oprimidas.

La revelación de su identidad revela también la identidad de sus discípulos y discípulas. El enfrentamiento de Pedro con el siervo del sumo sacerdote pone en evidencia los muchos enfrentamientos que el sistema produce entre excluidos y entre marginados. Pedro no se enfrenta con los soldados -presencia del poder político amenazado por Jesús de Nazaret- sino que dirige su violencia contra otro oprimido, el siervo del sistema religioso que también se siente amenazado. Este es un ejemplo que debemos superar en la cooperación de organizaciones de la sociedad civil, de las iglesias y sus organizaciones de promoción social y de derechos humanos. Es necesario unir fuerzas y saber hacia dónde dirigir nuestras voces de denuncia. Frente al sistema de exclusión debemos construir juntos y juntas el sistema del amor incluyente e inclusivo. Y ese amor es una denuncia de todas las violencias, aún aquellas que se construyen en nombre del mismo Jesús.

La presencia del discípulo sin nombre pero amado por Jesús con un amor muy especial, nos muestra cómo debemos responder al amor de ese mismo Jesús. Pedro no se atreve a entrar en el espacio del poder opresor. El discípulo amado lleva su fidelidad a Jesús hasta ese mismo espacio de opresión, dispuesto a asumir todos los riesgos. Es ese discípulo amado pero sin nombre el que logra, en cierta medida, conducir a Pedro -figura de los muchos liderazgos- a entrar en el espacio de confrontación y de peligro. Nosotros y nosotras, que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida, también muchas veces sin nombre, pero con la certeza de ser amados por Jesús con un amor muy especial, quizás tengamos la función de ayudar a nuestros líderes a entrar en este espacio en el que debemos enfrentar los poderes que oprimen y excluyen.

El seguimiento de Jesús a través de los diversos espacios teológicos en los cuales se ubica revela su identidad y su compromiso pero también revela nuestra identidad y nuestro compromiso. Como parte de la comunidad del discípulo amado, en nuestra tarea pastoral debemos crear las oportunidades como para que los Pedros de nuestras iglesias puedan vencer los miedos y prejuicios y atreverse a asumir la cruz de promover la dignidad de todas las personas que, por pertenecer a la categoría de grupos vulnerables, han sido excluidos de la mesa de la vida.

No nos pueden ya atemorizar las siervas o siervos del sistema de exclusión. En este Viernes Santo, camino de pasión y etapa de liberación, es importante renovar nuestro compromiso con la identidad de Jesús de Nazaret y su propuesta de mesas abiertas y de comunidades de liberación.

Lisandro Orlov. El autor es pastor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida y Coordinador de la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA.