22 de noviembre: Día de la Música

El arte musical en la Misión

El tema del año 2012 de la Década Luterana es LA REFORMA Y LA MÚSICA. El canto fue desde muy temprano un signo característico y una de las armas más efectivas de la Reforma. Lutero mismo –músico bien dotado, que amaba el sonido armonioso de voces e instrumentos- compuso gran variedad de obras musicales que fueron interpretadas por

las lides protestantes. Y no sólo en el ámbito religioso tuvo importancia este hecho, sino en la cultura coral y orquestal de Alemania en general.

“La música gobierna al mundo, endulza las costumbres, consuela al hombre en la aflicción. Es hija del cielo. Es el más bello y el más glorioso don de Dios. Es una disciplina; es una educadora; hace a las gentes más dulces, más amables, más morales, más razonables… La música es un maravilloso don de Dios y próximo a la Teología. No renunciaría a mis escasos conocimientos musicales, salvo por razones de fuerza mayor… la juventud debería ser enseñada en el arte de la música, ya que hace a la gente más habilidosa. Ciertamente me gustaría alabar la música con todo mi corazón, como el excelente don de Dios que es y recomendárselo a todos” (Martín Lutero).

La iglesia luterana históricamente ha jerarquizado el arte musical como un medio importante para las relaciones humanas y para el diálogo con Dios. En estos tiempos, donde existen carencias en estas áreas, nos invita a rescatar su fe y arte, para ser protagonistas en el compartir del proceso creativo. El propio impulsor de la Reforma, Lutero, fomentó el papel de la música en los actos litúrgicos dando lugar a una creación específica coral para órgano y para el canto de los fieles, que en la misa romana estaban obligados a permanecer mudos. Para que éstos entendieran lo que cantaban, inventó sencillos himnos en lengua vernácula que se conocen como CORALES.

La mayoría de las cantatas de Bach empiezan con un coro introductorio, muchas veces sobre uno de esos corales luteranos, al que siguen solistas vocales que interpretan arias y recitativos, con acompañamiento o no de coro y orquesta, completa o por secciones. La segunda parte de la obra se abre en ocasiones con un movimiento instrumental y el coro pone el punto final repitiendo el himno del inicio, cuyas palabras resumen el tema devocional de toda la cantata. Las piezas sacras de Bach no pueden, pues, considerarse en modo alguno obras de concierto sino auténticos sermones musicales.

Dice José Luis Velazco: “Martín Lutero -reformador alemán del siglo XVI- a través de su testimonio, ministerio y obras escritas en el campo de la Teología dejó una rica herencia a los cristianos de todos los tiempos, tales como:

– El redescubrimiento de la fe evangélica, bíblicamente hablando. El redescubrimiento de las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento como base de la doctrina y vida cristiana. El re-descubrimiento del perdón y la salvación por la Gracia o favor de Dios. La lectura y estudio de la Biblia en lengua vernácula. El derecho de interpretar la Biblia, aun por las personas más sencillas. La afirmación de la libertad de conciencia, sometida únicamente a la Palabra de Dios. Pero además de todo lo anterior, en el campo de la himnología y la liturgia, Lutero dejó otra rica herencia: el uso de la música en toda su amplitud en la liturgia y el canto de himnos, en el culto público o congregacional.*

El historiador luterano Martin E. Marty, al preguntársele en qué sentido Martín Lutero era un modelo de inspiración, dijo que, en primer lugar, lo era en el campo de la música y aseveró diciendo: “En las iglesias protestantes tomamos por sentado nuestra tradición del canto congregacional. Nos olvidamos que únicamente los sacerdotes y monjes eran los que cantaban. Pero debido a Lutero, el canto hizo erupción en el pueblo y muchos compositores fueron inspirados”. Se entiende que fueron inspirados a escribir nueva música para la iglesia. Marty agregó a su comentario que Martín Lutero alguna vez había dicho que la música “le seguía en importancia a la Teología” y que era probable que le gustara más la música que la Teología.

Martín Lutero era un músico completo. Cantaba en su registro de tenor, tocaba el laúd, la flauta, componía música y escribía himnos. Muchas veces después de cenar reunía a su familia y amigos y juntos cantaban cantos gregorianos y composiciones polifónicas. Lutero estaba familiarizado con algunos de los compositores más sobresalientes de su tiempo. Creía firmemente que los cristianos deberían alabar a Dios con las palabras y con la música. Decía que la música es un vehículo excelente para la comunicación de la Palabra de Dios y le gustaba citar ejemplos bíblicos.

Opinaba que “no deberíamos ordenar jóvenes a menos que estén bien entrenados en la música”. Por esta convicción personal hizo un llamado a poetas y músicos para componer himnos y producir música y liturgias que fielmente proclamaran el Evangelio. Su consejo a tales personas era que escribieran con palabras sencillas y comunes, preservando la enseñanza pura de la Palabra de Dios. Aconsejaba, además, que los himnos se mantuvieran tan cerca de los Salmos como fuera posible.

Lutero produjo más de veinte himnos entre 1523 y 1524. En enero de 1524 publicó, por primera vez, una pequeña colección de himnos titulado “Himnario de los Ocho” por contener únicamente ocho cantos. En el verano del mismo año y bajo su dirección apareció un himnario para coros. De los treinta y ocho himnos con nota, veinticuatro eran suyos. Después de esa fecha, se extendió la costumbre de cantar himnos en el culto público y aparecieron muchas ediciones de los himnos de Lutero. Lo único que él pedía era que no se cambiara la letra ni la música. También las familias empezaron a utilizar himnos en sus devocionales vespertinos. Muchos de los himnos de Lutero están basados en los Salmos y el más conocido se inspiró precisamente en el Salmo 46, cuyo primer verso dice: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. […]

A pesar que Lutero quería mantener el uso del latín en la liturgia, decía que el pueblo necesitaba oír y cantar la Palabra de Dios en su propia lengua. Así, transformó el culto público, familiar y privado en una experiencia gozosa de adoración a Dios, por medio de Jesucristo, la música y el canto congregacional, con himnos que cantan la gloria de Dios por sus grandes actos de liberación y salvación a través de la historia de la humanidad. Después de cientos de años en que el canto era solamente el privilegio de los sacerdotes, monjes y coros especializados, Lutero devolvió la música y el canto a la iglesia universal, para la gloria de Dios.

Fuente: La Cruz de Cristo, Congregación Evangélica Luterana.

* José Luis Velazco, “Martín Lutero devuelve el canto y la música al pueblo en el culto público”. Revista El Faro, sept/oct 1994, México.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *