Mensaje del Sínodo de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata

Carta pastoral

“Ustedes son… pueblo adquirido por Dios para que anuncien las virtudes de aquél que los llamó” (1ª Pedro 2, 9)

Por gracia de Dios, del 9 al 12 de octubre de 2014 nos hemos reunido los 160 delegados laicos y ministros de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en las instalaciones de la Iglesia Reformada de Tres Arroyos.

El tema que nos ocupó a lo largo de estos días ha sido: “comunión y compromiso en la diversidad”. Las reflexiones, devocionales y dinámicas nos ayudaron a comprender las riquezas de la diversidad como un don de Dios y a la vez como fuente de crecimiento y de cuyas aguas se nos invita a beber una y otra vez. Hemos vivido nuestras diferencias no como un impedimento para la comunión, el testimonio y el compromiso diacónico, sino más bien como un potencial que nos enriquece y nos dignifica a la vez. Esa ha sido nuestra experiencia a lo largo de estos días y es lo que queremos compartir con todos ustedes: porque aunque hablemos diferentes idiomas, podemos entendernos; aunque tengamos capacidades distintas, todas tienen algo que aportar a la mutua edificación; aunque vengamos de lugares y países diferentes nos hemos sentido como una gran familia que se deja inspirar por la Palabra que la convoca y envía trascendiendo fronteras y limitaciones.

Hemos traído en nuestras mochilas todo aquello que nos alegra y también lo que nos preocupa cotidianamente. Sea en el ámbito de nuestras comunidades de fe, sea en nuestras aldeas, ciudades y/o países. En este sentido, queremos destacar y valorar la estabilidad democrática alcanzada. Esta realidad exige de nosotros no sólo una adecuada valoración sino además un genuino compromiso para que la misma pueda crecer en el reconocimiento de derechos debidamente legislados y en la promoción de la calidad de vida junto con una justicia ambiental cada vez más necesaria y urgente.

Desde esa perspectiva, queremos destacar aquí el serio llamado a la reflexión que nos imponen los proyectos de construcción de megarepresas en la provincia de Misiones sobre los ríos de la cuenca del Plata. Especialmente por las nefastas consecuencias que traerátanto para la gente como para el ecosistema. Estos emprendimientos, ligados a los desmontes y a la expansión de la frontera agrícola, particularmente para el monocultivo de la soja, están poniendo en riesgo, además, la existencia no sólo de la diversidad biológica sino también humana, acrecentando así la exclusión y el sometimiento de los pueblos originarios, negándoles el derecho a su tierra y a su cultura.

Asimismo, en el contexto de nuestras ciudades vivimos, no sin angustia, la creciente espiral de violencia, tanto la manifiesta como la oculta, y que cada día cobra nuevas víctimas. En especial, la de género, donde mujeres y niñas son brutalmente victimizadas, sea por tráfico de personas, consumo de drogas, violencia doméstica y/o la prostitución.

De igual manera, vemos la amenaza de la deuda externa que pende sobre nuestras sociedades; la falta de control en el manejo del Estado y los elevados índices de corrupción, tanto públicos como privados, que desencadenan recurrentes crisis cuyo peso termina recayendo siempre sobre la gente y, principalmente, sobre los más vulnerables.

Estamos preocupados. Oímos los gemidos de la creación, de toda ella (cf. Romanos 8, 22-23). Y sabemos: no somos ajenos a los mismos. Por eso, como parte del pueblo de Dios seguimos en una espera activa de “cielos nuevos y tierra nueva donde habite plenamente la justicia”. Por eso invitamos encarecidamente a nuestras hermanas, hermanos, a orar fervientemente y a trabajar con mayor empeño en la certeza de que el Reino no sólo está entre nosotros sino que también viene en nuestra respuesta comprometida por esa nueva realidad que Dios nos tiene preparada en Jesucristo.

(Mensaje de la XLI Conferencia Sinodal y XVIII Asamblea General Ordinaria de la IERP)