Una democracia Sin Justicia está enferma

Nuestro país ha recuperado, hace casi treinta años, el sistema democrático que había sido quebrado, siempre de manera trágica por regímenes cívico-militares que solamente atrasaron el desarrollo del país y acrecentaron las diferencias sociales. En las dictaduras no es posible hablar de justicia en tanto que el grupo que gobierna “dicta”, no consulta, no debate, no busca consenso.
Es de esperar que en democracia la justicia sea efectivamente el tercer poder que sostiene el sistema constitucional. El ideal apunta a que todos los poderes y todos los ciudadanos acuerden en someterse al Poder Judicial para dirimir todo tipo de conflictos que la lucha de intereses y la misma convivencia generan.
El sistema democrático es justamente perfectible en la búsqueda más plena y auténtica del bien común. Solamente la justicia es la condición previa y necesaria para la paz social.
Es frecuente descubrir que no todos los ciudadanos y sectores están dispuestos a someterse a una ley equitativa. Generalmente el reclamo de justicia pasa por la demanda de castigos a algunos para acrecentar los privilegios de otros. Se menciona más a la justicia como poder ejecutor de castigos para algunos, que como poder al que deben someterse todos.
La justicia está, en nuestros días, bajo sospecha: muy lenta en algunos casos; expeditiva en otros, implacable en algunos casos y totalmente indulgente en otros. Cada uno de ustedes podrá enumerar ejemplos en una u otra dirección. Es grave cuando muchos casos prescriben por el paso del tiempo.
En verdad no somos justos cuando pensamos que el aumento del delito y la gravedad de los mismos es solo causa de una mala administración de justicia. El aumento de los delitos y de la gravedad de los mismos tiene que ver, más bien, con graves problemas sociales y económicos que salen a la luz por el delito. Pero en algunos casos, como este caso reciente de la mujer asesinada en Chaco, los errores de los jueces no solo cuestan dinero, que sería lo de menos, grave es cuando cuestan vidas inocentes.
La justicia está enferma cuando el Poder Ejecutivo intenta ponerla al servicio de sus interesas, personales o corporativos.
Eso debemos saberlo: una justicia sometida y precaria no mejora al Ejecutivo ni a la sociedad. Si entendemos a la Justicia como un órgano del cuerpo social, debemos reconocer que un órgano enfermo enferma a todo el cuerpo. Es ese es el peligro más grave que atravesamos. Dios abra nuestros ojos y corazones para transitar caminos de verdad y justicia.
Pastor Atilio Hunzicker


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