Sábado 16 de septiembre

 

 

Balac le reclamó a Balaam: “¿Qué estás haciendo? Yo te traje para que maldijeras a mis enemigos, y tú te has puesto a bendecirlos”. Y Balaam contestó: “Habíamos quedado en que yo diría solamente lo que el Señor pusiera en mis labios.”

Números 23,11-12

Hay que ser muy valiente para contradecir a un soberano y poderoso. Más todavía cuando, como en el caso del profeta Balaam, el Rey Balac lo quería sobornar con dinero (22,7) y con la promesa de los más grandes honores y de todo lo que pidiera (22,17.37). Balaam no se dejó corromper, sino que declaró: “Aunque Balac me diera todo el oro y la plata que caben en su palacio, yo no podré hacer nada… que fuera contra las órdenes del Señor mi Dios.” (22,18)

Hay cristianos y cristianas, e incluso líderes religiosos, que no resisten ante la tentación de autoridades manifiestamente injustas y deshonestas y se corrompen ante promesas de dinero, de algún cargo importante o una ayuda económica para algún proyecto. Otros se sienten obligados a responder con lealtad y gratitud por haber recibido ayuda para determinados trabajos. Por algo se dice: “Un perro no le muerde la mano a quien le da de comer”.

Cierta vez, también los apóstoles Pedro y Juan se encontraban en una situación similar. Las autoridades políticas y religiosas de Jerusalén les prohibían hablar de Jesús. Sin embargo, ellos respondieron: “Juzguen ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en lugar de obedecerlo a él.” (Hechos 4,19) Y en otra ocasión afirmaron: “Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hechos 5,29)

Que podamos aprender de Balaam, de Pedro y de Juan a no dejarnos dominar por intereses mezquinos, sino por la voluntad de Dios y el bien de nuestro prójimo.

Danos poder al enfrentar el mal, a nuestro pie no dejes resbalar; tu corrección queremos recibir, y con lealtad deseámoste seguir. Amén. (Canto y Fe Nº 191)

Bernardo Raúl Spretz

Números 23,1-12