Sábado 19 de agosto

 

 

Con la ayuda de Dios sigo firme hasta ahora.

Hechos 26,22

No pocas veces la contundencia

de las realidades que debemos atravesar

nos golpean al punto de derrumbarnos, de abatirnos.

Ya no hay fuerzas, sólo cansancio, quizá impotencia.

Nos angustiamos, nos desesperamos, lloramos,

dejamos de creer y de intentar… “tiramos la toalla.”

Una enfermedad que nos va ganando la batalla,

la pérdida de alguien que amamos,

quedarnos sin empleo, la inseguridad económica,

las divisiones en la familia,

las grietas y los muros que nos separan,

acusaciones injustas o chismes difamatorios;

saber que hay personas que mueren por falta de alimento

y otras que se ahogan al intentar cruzar mares

hacia mejores lugares donde vivir;

terremotos, inundaciones, tornados

que se llevan vidas, bienes e historias…

Pueden ser algunas de estas cosas o ninguna de ellas,

pero, ¿quién no se ha sentido flaquear alguna vez?

El Apóstol Pablo podría haberse resignado,

sabiendo que él era apenas un minúsculo personaje

frente a los poderosos de su tiempo, religiosos y políticos.

Sin embargo, aún ante la amenaza de la prisión

e incluso ante la posibilidad de su misma muerte,

él sabe dónde está puesta se fe, dónde reside su confianza.

Sea donde fuere que estemos al leer estas palabras,

más allá de todas las fuerzas que producen muerte

y que tratan de hacernos vivir en la resignación,

que podamos hacer nuestras la palabras del apóstol:

“pero con la ayuda de Dios sigo firme hasta ahora…”

Que así sea hoy y cada día por venir.

Gerardo Oberman

Hechos 26,1-23