Sábado 23 de febrero

 

Hermanos, quiero que sepan este misterio del plan de Dios, para que no presuman de sabios.

Romanos 11,25

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Saber o no saber. En nuestra vida, en la sociedad, en la iglesia. Siempre el saber está en juego. Y no falta quien presuma de saber mucho cuando en realidad no es así. Y no falta quien teniendo gran instrucción mantiene la línea de la humildad y la sencillez. Alguien me dijo una vez: sólo los sabios pueden ser humildes. No sé si es tan así. Pero sí me parece que sólo los humildes pueden ser sabios. Porque la humildad es condición para la sabiduría.

El tema del conocimiento no es nuevo. Está en toda la escritura, tratado de distintas maneras. Y el apóstol Pablo encara el tema con determinación. Es una discusión permanente. De entonces y de ahora. La afirmación del texto parece una contradicción, pero no lo es.

El saber podría habilitar la sabiduría. Sin embargo, para Pablo, el saber habilita la humildad. Saber para no presumir de sabios. Saber que Dios en su inmensa misericordia, nos regala el conocimiento de su plan de salvación. Conocerlo es precisamente la razón de no presumir. Porque nos muestra tan claramente su grandeza que no hay otro camino más que la humildad. Tal como nuestro Señor Jesucristo nos mostró. Tal como el propio apóstol trata en 1 Corintios 1, vinculando el tema con el orgullo y acuñando una frase de enorme significación: Si alguno quiere enorgullecerse, que se enorgullezca del Señor.

Quiera el Señor de la Historia darnos de su sabiduría, para que con humildad, vivamos orgullosos de él. Amén.

Marcelo Nicolau

Romanos 11,25-36