Sábado 29 de diciembre

 

En cuanto Jesús fue bautizado, salió del agua. De pronto el cielo se abrió, y Jesús vio que el Espíritu de Dios bajaba sobre él como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo, que decía: “Éste es mi hijo amado, a quien he elegido”.

Mateo 3,16-17

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Tengo en mis manos las Partidas de Bautismo de nuestros hijos. Releo los textos y como con imágenes fotográficas revivo aquellos momentos. A quienes acompañamos a los bautizados, se nos abre una oportunidad para renacer a nuestra propia fe, a ayudar a crecer cerca de Dios, a ser guías de la fe y ejemplos para una vida cristiana. No es poca cosa…

Los pasajes de la Biblia que motivan esta reflexión son simbólicamente muy ricos. En medio de aquel paisaje árido, desértico… todos se acercan sedientos de perdón. Allí aparece el agua como símbolo de limpieza, renacimiento y resurgimiento.

Mateo plasma visualmente las señales que acompañaron el bautismo de Jesús: se abrieron los cielos, el Espíritu descendió y se encentró con Jesús en su morada terrenal. Los cielos se abrieron… una metáfora clara para poner de manifiesto la voluntad de Dios. Sólo él puede abrir los cielos y dar visión a los ciegos.

Jesús pasa por el bautismo en el agua y luego, el del Espíritu Santo. Apenas abre los ojos al salir del agua, Jesús ve que hay una comunicación entre el cielo y la tierra. Y la voz del cielo que dice: “Éste es mi hijo amado, a quien he elegido”.

Son palabras que valoran la persona de Jesús y el ministerio que comienza con su bautismo. Ahora estará listo para su obra mesiánica.

Los cristianos nos declaramos ser hijos de Dios a través del bautismo. Nacemos a la vida espiritual, pertenecemos a la Iglesia y estamos listos para llevar adelante nuestra misión de cristianos…con la ayuda del Señor.

Volviendo al comienzo de esta reflexión… Al recordar el bautismo de nuestros hijos, pienso si habremos cumplido, y si seguimos cumpliendo, con nuestra misión de acompañarlos cristianamente.

Recurrimos a ti, Señor, porque sabemos que el Espíritu que viene de ti nos sostiene y anima a llevar a cabo esta misión.

Magdalena Krienke de Lorek

Mateo 3,13-17