Sábado 8 de abril

 

 

En ese mismo instante el Señor se volvió a ver a Pedro, entonces Pedro se acordó de las palabras del Señor, cuando le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.

Lucas 22,61

¿Cómo Pedro no iba a negar a Jesús, si él nunca lo conoció realmente?

Pedro, en este texto, fue muy coherente consigo mismo, con todo lo que él realmente había vivido como discípulo. Un discípulo que retaba al Jesús que quería morir en la cruz.

Pedro quería un Jesús poderoso, que fuera violento, que liberara a través de la espada; él no quería y negaba a este Jesús que vino a servir, a ayudar a los marginados, a poner en primer lugar a los niños y a las mujeres, que llamaba a los pecadores y decía que los últimos eran los más importantes en el reino de Dios. Éste no era, para Pedro, su Jesús, su Señor a quien él quería realmente como proyección de sus ambiciones de poder.

Me pregunto cuántas veces negamos con nuestras actitudes a este Jesús de la cruz; cuántas veces no queremos recorrer el camino de la cruz, el camino de darle lugar al prójimo en nuestra vida, ya que buscamos el poder.

Este texto nos sirve para darnos cuenta de que muchas veces buscamos y queremos al mismo Jesús que buscaba Pedro; al Jesús de la gloria, como decía Lutero, que cuando habla del Dios de la cruz y de la gloria, afirmaba que el Dios de la gloria llama a lo bueno malo y malo a lo bueno.

Si como Iglesia buscamos y seguimos al Dios de la cruz, resucitaremos con Jesús; si lo negamos, lloraremos amargamente.                                                                                      

Javier Gross

Lucas 22,54-62