Sermón para el Día de la Refroma sobre Romanos 3; 21 – 29, por Eugenio Albrecht

 

19 Pero sabemos que todo lo que dice la ley, se lo dice a los que están bajo la ley, para que todos callen y caigan bajo el juicio de Dios, 20 ya que nadie será justificado delante de Dios por hacer las cosas que la ley exige, pues la ley sirve para reconocer el pecado.

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, y de ello dan testimonio la ley y los profetas. 22 La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él. Pues no hay diferencia alguna, 23 por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; 24 pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que proveyó Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como sacrificio de expiación por medio de la fe en su sangre. Esto lo hizo Dios para manifestar su justicia, pues en su paciencia ha pasado por alto los pecados pasados, 26 para manifestar su justicia en este tiempo, a fin de que él sea el justo y, al mismo tiempo, el que justifica al que tiene fe en Jesús.

27 Entonces, ¿dónde está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.

Hoy se cumplen precisos 499 años que el Reformador Martín Lutero puso sus 95 tesis en la Iglesia del Castillo de Witenberg. Escrito con el que se reveló en contra de la venta de salvación que prometía la iglesia de su tiempo a través de los certificados de indulgencias, con los que se prometía la salvación anticipada a cambio de dinero.

La fecha del 31 de octubre elegida por Lutero no fue casual, porque el 01 de noviembre se celebraba el Día de todos los Santos y las personas homenajeaban a sus difuntos y la Iglesia aprovechaba para atemorizar con el castigo eterno y de ese modo vender más salvación.

¿Por qué Lutero hizo eso?

Porque descubrió que en la Biblia decía otra cosa.

¿Qué descubrió en la Biblia?

Descubrió que Dios es diferente de lo que imaginamos. Encontró que Dios se muestra en Jesús y tiene el rostro del crucificado y éste crucificado es lo contrario de lo que nos imaginamos a nosotros mismos a Dios. Vio que la justicia de Dios es diferente de la nuestra justicia. Descubrió algo totalmente nuevo en un mundo de cosas que se repetía todos los días. La gente todos los días iba a la Iglesia y sin embargo buscaba a Dios en lugares donde no estaba.

Eso es algo difícil, pero a la vez maravilloso, descubrir en lo de todos los días que hay algo nuevo para nuestra vida en la palabra de Dios. Descubrir que la Palabra de Dios es algo bueno siempre para la vida de quien cree en Dios. Darse cuenta que en momentos de angustia puede ser una aliciente. Cómo aquél que está triste y lee a Dios hablándole con el Salmo 23, donde dice “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes pastos me hace descansar, junto a aguas de reposo me conduce” o el Salmo 121, donde se puede leer… El Señor no dejará que resbales;el que te cuida jamás duerme. Toma en cuenta que nunca duerme el protector de Israel.

Las personas no eran capaces de descubrir esas cosas en la palaba de Dios, porque estaban acostumbrados a tener que aparentar buenos frente a los ojos de Dios. Hasta podríamos decir que trataban de sobornar a Dios, simulando ser buenos. Para ello había un modelo perfecto, porque por un lado había quienes inculcaban el miedo al castigo y al infierno y por otro lado ofrecían la solución a través de la venta de perdón. La gente entonces creía más por el temor al infierno, que por otra cosa.

Hoy pasaron 500 años y sin embargo sigue siendo una práctica actual, done hay teologías que hablan más del diablo y del infierno, atemorizando a las personas, que del propio amor de Dios. Yo me pregunto ¿Qué clase de Evangelio es ese? Eso es buscar a Dios donde Él no está.

Sin embargo, les voy a decir que es muy fácil buscar a Dios donde Él no está. Una de las maneras de hacerlo, es repitiendo el mismo modelo que en la edad media, justificamos la vida, basándola en cosas que no nos acercan ni a nuestros hermanos y menos aún a Dios. Nos alejamos mucho de Dios cada vez que nos alejamos de los demás, cada vez que somos insensibles frente a lo que el otro está atravesando.

Cuando más sencillo somos, más cerca podemos estar de los demás y de Dios. Contaba un pastor, que trabajó en el Paraguay con los inmigrantes brasileños, que llegaron con una mano atrás y otra adelante, que en los primeros tiempos la gente estaba muy cerca una de la otra. Trabajaban juntos y se ayudaban. Una práctica muy común era la de prestarse la yunta de bueyes, para trabajar la tierra y sembrar. Contaba con dolor ese pastor que después, a medida que se fueron comprando tractores, ya nadie más prestó a sus vecinos.

¿Qué cosas son las que hacen que nos alejemos de los gestos que dan vida entre unos y otros?

Nuestra falta de solidaridad y nuestra insensibilidad es también una manera de darle la espalda a Dios y dejar de comprender el Evangelio. Basta con recordar a Jesús diciendo “cuando le diste de comer y ayudaste a los que necesitaron” a mí me diste de comer y a mi ayudaste, siendo que al contrario, si no lo hiciste, conmigo tampoco lo hiciste.

Así como en la Edad Media la Iglesia ofrecía la indulgencia para que la gente se quedara tranquila, el mundo mercantilista nos convence que nosotros mismos somos nuestra propia indulgencia y que a través de ella no necesitamos nada más que a nosotros mismos. Ni siquiera a Dios. Como nos equivocamos, porque más allá de que esto lo vivamos de manera inconsciente, porque nadie dice que no necesita a Dios, sino que lo demostramos en nuestras escalas de valores y en nuestra forma de vivir la vida. Sin embargo, cuando se nos cae la estantería, recién comprendemos que no tenemos nada, ni no somos dueños de nada y sin Dios nada podemos hacer, ni siquiera vivir. Entonces sólo nos resta abrazarnos al amor de Dios y a la Gracias de Dios, cosa sencilla pero hermosa que Lutero descubrió hace 500 años y que nos hace libres, pero a su vez comprometidos en la vida.

Por eso Lutero una frase en la que él decía si supiera que el fin del mundo vendría mañana, aún así plantaría manzano. Porque Dios no es un Dios de miedo o temor, sino de esperanza. Dos cosas que parecen una locura.

Oración: Gracias, Señor, porque has librado de las ganas y la necesidad de ganar su amor y su perdón por nuestras propias fuerzas. Todo lo que nos da de forma gratuita, por lo que liberó a vivir en la lealtad y la responsabilidad ante usted y el mundo en el que hemos puesto. Por Cristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

Eugenio Albrecht